Entonces una vez descubrí que las cosas que uno desea
pueden volverse realidad, sé que a veces
todo se presenta de un modo que uno no entiende, quizá nada en la vida se
espera de igual manera, todo es tan impreciso e inteligible, lleno de ese carácter
que crea incertidumbre ante la verdad que, cuando se quiere no se da y cuando se da no se
quiere, tal como si fuera un mundo lleno de contradicciones donde nada y
todo es. Simplemente pretendemos que todo está bien, siempre y cuando se olvide
el dolor, la derrota o la traición, de forma que se crean múltiples realidades
que evaden todo tipo de sensaciones de malestar engañado nuestra conciencia y
dejando que el placer, el bienestar y la concupiscencia se lo único que valga lo suficiente para entregarnos de
lleno a ellas.
¿Qué de malo tiene ser quien uno quiere ser? Todo es
posible, no hay límites ante ti o ante cualquiera, las identidades son como
todo, un artículo de uso que se vende, se desecha o se intercambia según las circunstancias,
máscaras que disimulan nuestro yo tan
olvidado y oculto, que nadie, ni uno mismo recuerda. Te mienten, nos mentimos, es sólo un pretexto
para obtener y aun así tan incapaces de poseerlo que se escapa entre los dedos
como agua corriente. Vivimos delante del azar y de la fe, con nuestra mente
centrada en círculos y cruces de madera, con pretensiones que abarcan nuestra
capacidad y sueños que delimitan la felicidad. No tiene, no existe maldad en
ser quien uno quiere ser, porque al final sólo
somos un reflejo del propio sistema, de la falsa moral y de una agonía que
invade el corazón de la mayoría dejando
en sus almas algunas semillas de
esperanza o de tristeza. Simplemente es.
Los dichos, los saberes y todo en lo que creemos no basta,
es insuficiente por consecuencia, no se puede decidir de facto de modo que se
vive entre paradojas rodeadas de dudas que embaucan nuestros sentidos
obstaculizando los verdaderos sentimientos del amor ¿Qué tan conveniente es
confiar? En nuestros días todo se reduce a la protección y a la seguridad
equivoca, porque de ninguna manera se puede asegurar que todo estará bien. Los hombres se enloquecen por
encontrar un oráculo que indique el futuro el cual de valía a sus sentimientos;
lamentablemente no existe y se regresa
al inicio: Lo seguro es lo que se planea, se organiza y se jerarquiza para
obtener el resultado o en su lado contrario, la intuición ¿En que creer
entonces? En uno mismo para poder creer en el otro, en el amor y en el odio, en el bien y el mal
y en la nula capacidad para acertar, pues sí dudo de todo, entonces dudo que
dudo, y sí dudo que estoy dudando, entonces estoy seguro.
Díganme pues: ¿Cuál es el fin? Se puede entender el fin
como ese objetivo o meta que uno quiere
alcanzar o como ese último término que
indica la conclusión de una etapa o de un todo. En ambos casos todo sería
absurdo pensando en que todo se reduce a un instante al cual nadie quiere
llegar; el hombre no está diseñado para olvidar y dejar pasar, pensamos tantas
veces antes, nos llenamos de inseguridades ante nuestras obras y no podemos
optar con carácter ante nuestros sentimientos. Preguntamos incesablemente y requerimos
opiniones, buscamos eso que nos de valor para afrontar la responsabilidad y cuando
llegamos a ese punto se finaliza con inconciencia porque nada es tan
importante y nada es tan poco valioso
para dejarlo ir; quizá, simplemente por
fin llegamos a amar.
Víctor López Pelcastre.