martes, 26 de febrero de 2013

Entrada 21 - 26/02/13

Quizá un día despiertas y piensas que  tu vida debe tener un cambio, tal vez es tiempo de dejar esa mediocridad que te sumerge en una apatía que no te permite ser feliz. Volteas hacia atrás, miras enfrente, no visualizas nada que te haga sentir que lo que haces tiene trascendencia;  sólo escuchas esas voces molestas que te dicen que eres un  bueno para nada, esa clásica frase de: “Estas desperdiciando tu vida”… La verdad es que llevas mucho tiempo mandado a todos al diablo e ignorando  lo que dicen,  crees  que eres la víctima en un mundo extraño donde sólo tú puedes ver la realidad pero, a lo mejor  el mundo no es tan extraño,  quizá la realidad es mediocre, llena de esos clichés baratos de centro comercial,   quizá todo está lleno de esa alegría  superflua que te lleva a ser optimista cuando todos saben que en el fondo la vida en cualquier esfera y en cualquier ámbito es mucho más violenta que una selva. 
 
Entonces te esfuerzas de verdad ,crees que se puede hacer algo, que tu vida no es una pérdida de tiempo frente a la computadora, imaginas que esas horas interminables en Facebook  mirando esas patéticas caritas  y postales  con mensajes románticos y tiernos por fin surtieron efecto en ti.  No sé, pero de alguna manera la libertad deja de darte la espalda para mostrarte un camino que no se parece a nada;  a lo mejor es tu autodeterminación o maduraste, quizá pasar  a los treinta y tres te haga un adulto responsable  digno de la confianza social que todos anhelan. Ya no eres mentalmente un adolescente poniéndose playeras negras y pantalones  roídos,  ahora has pasado a el traje sastre y la corbata,  usas unos lentes  de armazón metálico que te hacen ver de  cuarenta y esperas el día en que con tu sueldo y tu trabajo obtengas  una casa y compres un auto.
 
La sociedad de consumo te consume, entras en el juego y te vuelves sujeto de crédito, compras todo aquello que deseas, no importa si lo necesitas o no; ya no eres el inadaptado que creía que por escuchar a  Pink Floy  y leer a Sartre eras un intelectual renegado. En tu mente la idea de la estabilidad te  vuelve loco, no sólo quieres una buena economía y los bienes que han de asegurarte la vejez, deseas una mujer que te de hijos y con la cual envejezcas. Te has tragado de un bocado lo que dice la televisión, te dejaste embaucar por los medios. Eres un vil servidor social que por más que intentes  mirar con  la óptica rebelde el presente, sólo son esos ecos viejos del pasado que no  son nada.
 
Y que  pudiste conseguir? Realmente  la felicidad se mide por las horas hombre que laboraste como esclavo para tener el último iPhone?  Te miro y me miro… tú esperas  conquistar el mundo, reinventar el futuro y dilucidarte como ese tipo exitoso que enmarca en su pared los títulos obtenidos; esperas presumir tus logros, viajar,  etc.  Pero, la verdad es que no eres nada,  ni siquiera eres tú, te convertiste en la copia fiel de la mayoría de los ciudadanos de una urbe, ese espécimen que busca ese hueso, sin embargo olvidaste que la carne no se la come el perro. 
 
En fin, soy yo, no soy tú y antes que mi vida se convierta en una idéntica a la tuya, y antes de que llegue a los 50 años  con el pelo canoso  tratando de revivir mis ilusiones de joven, prefiero decirte “púdrete”,  ahogarme en  mis pensamientos y aventarme al vacío,  al fin y al cabo no hay infierno, no hay cielo…
 
Autor. Víctor López Pelcastre

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