martes, 1 de octubre de 2013

Entrada 26 - 1/10/13

Entonces una vez descubrí que las cosas que uno desea pueden  volverse realidad, sé que a veces todo se presenta de un modo que uno no entiende, quizá nada en la vida se espera de igual manera, todo es tan impreciso e inteligible, lleno de ese carácter que crea incertidumbre ante la verdad que, cuando  se quiere no se da y cuando se da no se quiere, tal como si fuera un mundo lleno de contradicciones donde  nada  y todo es. Simplemente pretendemos que todo está bien, siempre y cuando se olvide el dolor, la derrota o la traición, de forma que se crean múltiples realidades que evaden todo tipo de sensaciones de malestar engañado nuestra conciencia y dejando que el placer, el bienestar y la concupiscencia se lo único  que valga lo suficiente para entregarnos de lleno a ellas.
 
 
¿Qué de malo tiene ser quien uno quiere ser? Todo es posible, no hay límites ante ti o ante cualquiera, las identidades son como todo, un artículo de uso que se vende, se desecha o se intercambia según las circunstancias, máscaras que disimulan nuestro yo  tan olvidado y oculto, que nadie, ni uno mismo recuerda.  Te mienten, nos mentimos, es sólo un pretexto para obtener y aun así tan incapaces de poseerlo que se escapa entre los dedos como agua corriente. Vivimos delante del azar y de la fe, con nuestra mente centrada en círculos y cruces de madera, con pretensiones que abarcan nuestra capacidad y sueños que delimitan la felicidad. No tiene, no existe maldad en ser quien uno quiere ser, porque al final sólo  somos un reflejo del propio sistema, de la falsa moral y de una agonía que invade el corazón  de la mayoría dejando en sus almas algunas  semillas de esperanza o de tristeza. Simplemente es.
 
Los dichos, los saberes y todo en lo que creemos no basta, es insuficiente por consecuencia, no se puede decidir de facto de modo que se vive entre paradojas rodeadas de dudas que embaucan nuestros sentidos obstaculizando los verdaderos sentimientos del amor ¿Qué tan conveniente es confiar? En nuestros días todo se reduce a la protección y a la seguridad equivoca, porque de ninguna manera se puede asegurar que todo  estará bien. Los hombres se enloquecen por encontrar un oráculo que indique el futuro el cual de valía a sus sentimientos; lamentablemente no  existe y se regresa al inicio: Lo seguro es lo que se planea, se organiza y se jerarquiza para obtener el resultado o en su lado contrario, la intuición ¿En que creer entonces? En uno mismo para poder creer en el otro,  en el amor y en el odio, en el bien y el mal y en la nula capacidad para acertar, pues sí dudo de todo, entonces dudo que dudo, y sí dudo que estoy dudando, entonces estoy seguro.
 
Díganme pues: ¿Cuál es el fin? Se puede entender el fin como  ese objetivo o meta que uno quiere alcanzar o como  ese último término que indica la conclusión de una etapa o de un todo. En ambos casos todo sería absurdo pensando en que todo se reduce a un instante al cual nadie quiere llegar; el hombre no está diseñado para olvidar y dejar pasar, pensamos tantas veces antes, nos llenamos de inseguridades ante nuestras obras y no podemos optar con carácter ante nuestros sentimientos. Preguntamos incesablemente y requerimos opiniones, buscamos eso que nos de valor  para afrontar la responsabilidad y cuando llegamos a ese punto se finaliza con inconciencia porque nada es tan importante  y nada es tan poco valioso para dejarlo ir;  quizá, simplemente por fin llegamos a amar.
 
Víctor López Pelcastre.

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