Dicen que los sueño no se hacen realidad, otros dicen que los sueños son pesadillas en vida y algunos más opinan que son utopías perdidas en los tiempos. Yo no sé qué sean, pero cada noche cuando duermo me transporto a un mundo que ni yo conozco, no es un sitio, ni siquiera tiene un tiempo, pero es un espacio donde mi espíritu puede ser libre, un universo sin reglas, ni juramentos, algo que simplemente me lleva por donde quiere y que por más que quiera expresar no existe ninguna palabra que describa tanta incoherencia y tanta verdad al mismo tiempo.
Hoy me pregunté ¿le puedo pedir algo a mi vida? No tengo dinero, ni una casa propia, mucho menos un auto o trabajo, pero solo me bastó sentarme en una iglesia y mirar al frente, no le recé a ningún Dios, no miré la cruz, no creo que en nada que me hable del sufrimiento y que este lo convierta en redención; pero el silencio y la majestuosidad de la quietud, como si de repente se congelara el tiempo y me permitiera entrar en lo profundo, en esa parte que llamamos alma y que es tan difícil descubrir, ese agujero obscuro que vislumbras cuando estas en el fondo y me dije: -No me hace falta nada.
¿Acaso no le temes a la muerte, a la pobreza, a la enfermedad o al abandono? Sería absurdo decir “no” pero es más absurdo pensar en el futuro como un bien que debes comprar con el esfuerzo de tu vida. ¿Qué más da que muera o que termine en unos años como un mendigo esquizofrénico? ¿Qué opciones me proporciona cuidar mis dolencias o sentir compasión por mí mismo? Nada tiene sentido si miramos al universo como un objeto y lo encasillamos en teoremas ortodoxos sobre lo que debe ser. Lo importante es la vida, es saber que no hay futuro entre líneas, sólo tengo mi presente, mi ignorancia ante las cosas y el deseo por saber el “por qué” de todo. Así que lo único que tiene sentido es el momento, es el camino recorrido por los propios pasos, es mis errores convertidos en mi propia verdad, es olvidarse de todo lo establecido y convertirse en un anarquista de la vida y eso sólo se logra cuando no te arrepientes de nada.
Entonces me dije: ¿Por qué sufres, por qué no puedo ser feliz, por qué necesito un abrazo cuando tengo miedo? ¿Por qué me drogo con pastillas y sustancias ilegales, por qué destruyo mi mente en cada fumada y asesino mi cerebro con lo más mundano y sucio del placer? … No lo sé, simplemente no entiendo mi propia naturaleza.
Es posible que exista una escalera al cielo, tal vez el infierno lo llevamos dentro y ese infierno es lo que nos hace ser humanos, es eso que te hace amar lo más sublime de lo simple, odiar lo complicado y envidiar a quienes consideramos perfectos. Todo es tan contradictorio, tan estúpido que llegamos al punto de querer sacarnos los ojos y quedar sordos. Como si quitarnos la vida fuera la respuesta a la felicidad y no negaré, yo lo he intentado y nada resuelves con eso.
¿Por qué no le hace falta nada a mi vida? Porque he vivido como he querido, porque nadie me ha dicho lo que debo de hacer o dejar de hacer, he entendido que vivir vale la pena porque cada instante es tuyo como sí de una propiedad se tratase, porque nadie puede contarme lo que he vivido porque yo lo viví, porque yo lucho por lo que creo y porque aún en mi egoísmo puro tengo amor en mi corazón y no dejare esta vida hasta que me sienta satisfecho con lo que he hecho, no obstante, eso me lleve a la muerte.
Víctor López Pelcastre