jueves, 26 de enero de 2017

Entrada 36 - 26/1/17

Alguna vez pensé que sería un hombre y un hombre importante, que usaría un traje, una corbata y en mi mano un portafolio. Creí todas las palabras de mis Padres e intente hacer las cosas bien, aún en esos momentos difíciles donde las lágrimas corren por las mejillas e imagine que los días duros en algún momento se irían e incluso ahora mismo lo sigo pensando.

No recuerdo mucho de cuando fui chico, tal vez jugué mucho con mis amigos, tal vez tuve muchos juguetes, tal vez mi Madre me sonrío muchas veces y mi Padre me cargo en sus brazos, sin embargo en mis recuerdos vagos esta una pelota de colores que veía desde el coche, un perro blanco grande y un gato pardo que  siempre se acercaba a mi cuando estaba en la esquina llorando; recuerdo mi casa pintada de un color rojizo, las siestas en la cama de mi abuela y la vez que me dio varicela. En mi mente están esos platos de arroz interminables que Mamá me hacía comer, la camioneta blanca de Papá, los gritos de mi Abue cuando me portaba mal y me encantaría recordar mucho más. A veces veo las fotos de esa época y me parecen tan extrañas, como si no fuera yo, no obstante sé que es mi historia  y es mejor tener una imagen que olvidar lo que fui porque si lo hiciese nunca podría saber quién soy.

Durante mi vida siempre quise hacer muchas cosas,  era el clásico niño que quería ser Medico, Astrónomo, hasta Chofer; lo curioso es que a la fecha aún no se manejar bien. Cuando creces un poco las cosas cambian, dejas de preocuparte por el ser y te enrollas como un caracol, el contexto se vuelve extraño, inentendible para ti; la evasión se convierte en aquello  que te permite vivir y la idea de ser diferente me embriago el corazón. ¿Por qué estudiar donde todos estudian? ¿Por qué mirar el mundo sólo de una forma? ¿Por qué me sentía y siendo franco, por qué hoy me siento tan solo? Las cosas se vuelcan contra ti de forma catastral  y lo único que quieres es escapar cuando  ya no hay referencias. Las busque, lo juro, pero nadie se me hacía tan especial para imitarlo, entonces decidí hacer un propio camino, confíe en que podría y sabía que era bueno, pero a la distancia me pregunto si realmente lo fue.

Una tarde, en ese andar tuve una esperanza que alimente por años, me sentía poderoso, lamentablemente me engañe, siempre tuve un conflicto, no podía ser eso que anhelaba cuando yo sabía que era distinto; así que un día bote todo, recogí mi ropa, me lleve mi cama y abrí el armario. La vida comenzó y no me importo cometer errores, era feliz, supe que podía amar, que aun siendo dañado sabía perdonar; no niego, llore muchas veces pero otras reí, me divertí, conocí tanto, era un aventurero que no importaba como viajar, ni en donde dormir. Aprendí a escribir mis pensamientos de una forma intima, con el corazón, sin importar quien lee mis líneas, quería descubrir en mis sentimientos quien era yo.

Ahora es diferente, uno se vuelve adulto, dejas de ser idealista, piensas que es demasiado tarde para muchas cosas; y una noche como hoy, cuando viajas en la ciudad  y miras a las personas, tocas tu alma  como si fuera la última vez y no tuve opción, voltee a mi pasado, y me sentí  tan melancólico y  gozoso, comprendí que mi crisis no era  por lo que deje de hacer, es porque había perdido el sentido, me había convertido en un autómata que dejo de maravillarse por todo; no mentiré hay momentos donde los problemas me sobrepasan, donde desearía tener el valor para quitarme la vida, pero esta noche no; tome mis manos y deje que mi espíritu hablara, que curara mis heridas y me diera la oportunidad de volver a sentir la tinta para poder decirme a mí mismo GRACIAS. 

Autor: Víctor López Pelcastre