jueves, 20 de junio de 2013

Entrada 24 - 21/06/13

A veces creo que las cosas no tienen la menor importancia, trato de evadirme pensando en que la realidad no me daña en lo más mínimo; recito en mi cabeza ideas que justifican los hechos de todos y me pregunto si realmente vale la pena perder un poco de mi tiempo en tonterías que me perjudican y no me dejan estar en paz.  Quizá no vale la pena guardar sentimientos negativos en mi corazón, no sé, la verdad no me gusta pensar en que puedo odiar o tener resentimientos contra  alguien, pero si he de ser franco, no me imagino a nadie que no haya deseado un mal a alguna persona que lo ha dañado... Nadie es salvo hasta que Jesús diga lo contrario.
 
Tal vez realmente estamos tan lastimados, tan aturdidos y con tanta indecisión;  tanto dolor adentro, tantas lagrimas  desperdicias por falsas esperanzas y esas melancolías de borrachera que despiertan nuestros demonios. Por qué permitimos tanto  y dejamos que nos utilizarán? Que acaso olvidamos nuestra dignidad? La verdad es que si, decidimos  dejarnos  hasta de nosotros mismos con tal de no perder eso que amaste o que quizá aún amas. Y me odio… Me odio de verdad por tener esa historia  y me evado, me lleno de un mundo fantasioso donde todo lo que tengo es nada y aun así, subsisto en el universo de mis mentiras creyendo que son un mecanismo de defensa contra la decepción que  una mala persona me causo.
 
Entonces que queda?  Fe? En qué?  A veces ni siquiera puedo creer en mí; me levanto como cada mañana y me descubro el pecho frente al espejo, me veo a los ojos con esas grandes ojeras, tantos desvelos pensando y pensando en lo mismo. Quisiera que todo fuera diferente, tal vez un poco diferente,  donde  las alegrías se pudieran contar  con más de una mano y comer un helado no fuera un pecado. Qué tal si un día el sol sale como todas las mañanas y despiertas con una sensación nueva que te llena de vida; no sería interesante vivir un mundo de “Lata  Campbells” y olvidarnos de la música de los 90´s que no hizo más que llevarnos al enfado social sin motivo.
 
Y ahora qué?  Se acabaron las respuestas para el filosofó, se acabó la idea de llegar y pertenecer a un lugar? Todo se acabó todo cuando inició, cuando decidí volar por mi cuenta  dejando un hogar, cuando confíe en los embustes de los alzacuellos relucientes o en lo besos furtivos de esos hombres que me juraron amor.   Sin embargo, a veces, pocas veces creo,  no sé en qué y aunque sé de ante mano que nada tiene sentido, que la felicidad es un invento de mercado para mantener a al hombre ocupado y en un cambio constante… creo  y con eso me quedo, con esa pequeña posibilidad absurda en el futuro y un deseo que racionalizo para no mantener alguna perspectiva en que todo estará bien; al final de cuentas lo deseo y trabajo para ello y quizá, si… Todo estará bien.
 
Autor: Víctor López Pelcastre

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