Donde podríamos dejar los sentimientos para que no nos hicieran
daño? A veces pienso en la posibilidad de poder vivir sin la necesidad de
cubrir los vacíos que experimento en la noche; la televisión por más que quiera
ser mi amiga y compañera no me es suficiente, en ocasiones sólo quiero un poco
de ruido para sentir que no estoy solo.
Si, el tiempo pasa y cada vez es peor, un cigarro se convierte en cinco
minutos de melancolía y hace que me pregunte en las cosas que he tenido, todas
esas oportunidades que tocaron a mi puerta y me ofrecían la felicidad, esos
intentos desesperados por tener un poco
de amor y esas confusas discusiones con el destino que me llevaron a la
indeterminación sin poder decidir nada. Ahora se ve un futuro sin esperanza,
donde lo que queda son la agonía de los años, de las posibilidades que se
fueron y un deseo que no acaba por convertirse en realidad. Me cuestiono tantas
cosas pero sé que sólo las preguntas de mi corazón valen la pena; Dónde quedo
el amor? … Sus reclamos, su llanto; cada palpitación tan absurda y sin fe que me llena de culpa por no poder
tomar en mis manos ninguna opción.
Treinta y cinco años que no prometen nada, el sentido que
nunca existió y no comprendo cómo
pretendo vivir con la perspectiva vacía y la cara llena de mentiras; el tiempo
de morir se pasó, ya no puedo ser parte de la generación de los 27 y unirme a
Kurt Cobain o Jim Morrison en un suicidio simbólico… es tan dramático; pienso
que quitarse la vida a esta edad es tan patético como el hecho de que no tengo
hijos y que jamás me case, ni mucho menos tuve un divorcio. Las pasiones que
enmascare de amor durante mi vida no fueron fructíferas, simplemente espejismos
de una idea y de mi egoísmo, nunca tuve
la capacidad de compartirme y dejar que el otro me descubriera; mi cabeza
estaba llena de miedos y de contradicciones morales, frustraciones por no lograr
mis objetivos y berrinches sin fundamento, quería el juguete y no deseaba
compartirlo, era como ese clásico pensamiento machista donde la infidelidad era
el pan de cada día, te acostumbras a ello y
es tan normal. Qué sería de no tener esos momentos donde te confrontas y
descubres que tu vida es una basura porque así lo has querido.
Ahora escribo esto y escucho a Runaground de James y me
fastidio al saber que esas ideas tan depresivas en mi cabeza jamás se irán, son
parte de mi vida, de la forma en como he conseguido ser quien soy; quizá he visto el mundo tan decadente que
nada de lo que haga en el futuro hará cambiar mi perspectiva. Me encuentro en
un paradigma que me lleva a algo tan profundo que no podré salir. De nada
sirven los deseos de superación o la intención de cambiar cuando uno mismo se
sabotea, el confort de mis barreras me
resuelve la vida, no tengo una responsabilidad con nadie, no intento descubrir
un hilo negro; es suficiente sentarte en un sofá en silencio, mirar a tu
alrededor y encender tu teléfono celular para darse cuenta que estas es un
mundo donde la soledad es la perene compañía del mundo, es tan fácil encontrar
a alguien y abusar de él, la carencia emotiva de otros me lleva y nos lleva a
ser unos depredadores de sentimientos; engañamos y usamos por usar, un cuerpo
desnudo que se somete ante ti es la recompensa por la carestía de otros. Todos
sufren, todos lloran y callan… Todos quieren un poco de amor, incluyéndome yo y somos tan incapaces de querernos que en ocasiones somos la presa y en otras el
cazador y al final todos estamos muertos.
Autor. Víctor López Pelcastre