jueves, 12 de noviembre de 2015

Entrada 33 - 12/11/15

Donde podríamos dejar los sentimientos para que no nos hicieran daño? A veces pienso en la posibilidad de poder vivir sin la necesidad de cubrir los vacíos que experimento en la noche; la televisión por más que quiera ser mi amiga y compañera no me es suficiente, en ocasiones sólo quiero un poco de ruido para sentir que no estoy solo.  Si, el tiempo pasa y cada vez es peor, un cigarro se convierte en cinco minutos de melancolía y hace que me pregunte en las cosas que he tenido, todas esas oportunidades que tocaron a mi puerta y me ofrecían la felicidad, esos intentos desesperados  por tener un poco de amor y esas confusas discusiones con el destino que me llevaron a la indeterminación sin poder decidir nada. Ahora se ve un futuro sin esperanza, donde lo que queda son la agonía de los años, de las posibilidades que se fueron y un deseo que no acaba por convertirse en realidad. Me cuestiono tantas cosas pero sé que sólo las preguntas de mi corazón valen la pena; Dónde quedo el amor? … Sus reclamos, su llanto; cada palpitación tan absurda  y sin fe que me llena de culpa por no poder tomar en mis manos ninguna opción. 

Treinta y cinco años que no prometen nada, el sentido que nunca existió  y no comprendo cómo pretendo vivir con la perspectiva vacía y la cara llena de mentiras; el tiempo de morir se pasó, ya no puedo ser parte de la generación de los 27 y unirme a Kurt Cobain o Jim Morrison en un suicidio simbólico… es tan dramático; pienso que quitarse la vida a esta edad es tan patético como el hecho de que no tengo hijos y que jamás me case, ni mucho menos tuve un divorcio. Las pasiones que enmascare de amor durante mi vida no fueron fructíferas, simplemente espejismos de una idea y de  mi egoísmo, nunca tuve la capacidad de compartirme y dejar que el otro me descubriera; mi cabeza estaba llena de miedos y de contradicciones morales, frustraciones por no lograr mis objetivos y berrinches sin fundamento, quería el juguete y no deseaba compartirlo, era como ese clásico pensamiento machista donde la infidelidad era el pan de cada día, te acostumbras a ello y  es tan normal. Qué sería de no tener esos momentos donde te confrontas y descubres que tu vida es una basura porque así lo has querido.

Ahora escribo esto y escucho a Runaground de James y me fastidio al saber que esas ideas tan depresivas en mi cabeza jamás se irán, son parte de mi vida, de la forma en como he conseguido ser quien soy;  quizá he visto el mundo tan decadente que nada de lo que haga en el futuro hará cambiar mi perspectiva. Me encuentro en un paradigma que me lleva a algo tan profundo que no podré salir. De nada sirven los deseos de superación o la intención de cambiar cuando uno mismo se sabotea, el confort  de mis barreras me resuelve la vida, no tengo una responsabilidad con nadie, no intento descubrir un hilo negro; es suficiente sentarte en un sofá en silencio, mirar a tu alrededor y encender tu teléfono celular para darse cuenta que estas es un mundo donde la soledad es la perene compañía del mundo, es tan fácil encontrar a alguien y abusar de él, la carencia emotiva de otros me lleva y nos lleva a ser unos depredadores de sentimientos; engañamos y usamos por usar, un cuerpo desnudo que se somete ante ti es la recompensa por la carestía de otros. Todos sufren, todos lloran y callan… Todos quieren un poco de amor, incluyéndome  yo y somos tan incapaces de querernos que  en ocasiones somos la presa y en otras el cazador y al final todos estamos muertos.

Autor. Víctor López Pelcastre