miércoles, 26 de junio de 2013

Entrada 25 - 26/6/13

Qué más quisiera que todas las cosas tuvieran un poco de sentido y que existiera en algún lugar eso que muchos llaman libertad.  A veces me pregunto sí es necesario todo esto para vivir de alguna manera; pienso que en realidad no vivimos, sólo sobrevivimos ante los embates de las circunstancias que en lugar de presentarnos un futuro, se empeñan en que veamos un presente que carece de toda lógica y razón,  donde todo se impone en un indeterminado de decisiones sin  saber sí fueron las correctas; es como si todos tuvieran una visión particular  la cual supone estar bien y tal vez sea cierto, de alguna manera  cada persona es un mundo donde se enmascaran todos los sentimientos y los  deseos,  un espacio donde se reprime y el contexto es un infierno, donde no basta el anhelo para sentir y dejar sentir a los demás el amor que llevamos dentro.
 
 
Y es innegable, la vida  se contempla entre pérdidas, perdemos a quienes amamos, a quien está tu lado y nada vuelve,  por eso es que digo que  sobrevivimos  y nos creemos esa patética idea de “volverse a levantar”  pero el dolor no se acaba, siempre hay algo que nos recuerda lo que se fue, personas, trabajos, una vida yacida en el caño y queremos echarle la culpa a todos sin reflexionar que hay cosas que salen de nuestras manos y otras de las cuales somos culpables directamente. A veces, lo juro de verdad, no basta ser inteligente, no tenemos la capacidad de olvidar, sólo cargamos un saco lleno de fracasos y penas donde el existir se vuelve tan difícil, tan pesado que lo único que  quieres es gritar tan fuerte como puedas y aunque lo hagas nadie te escucha, ni te mira, eres como un susurro perdido en el viento que no es capaz de comunicarse con los miles de suspiros que exhalan todas las personas quedando simplemente en esa soledad que tú y yo conocemos.
 
 
Entonces que hay? Evasión, odio, rencor, miedo, melancolía, venganza, ira; el hombre se convirtió en una máquina que es incapaz de encontrar en el mismo paz y ningún argumento, ni las lágrimas que mojan las almohadas harán  que nuestra alma se torne blanca.
 
 
Las noches se vuelven solitarias, te sientes tan vacío, tan pálido, tan muerto como muchos quisieran estarlo, nos cubrimos o quizá sólo yo me cubro la cabeza simulando que todo está bien y le digo a mis amigos “no te preocupes, no pasa nada” Y si, no pasa nada, se te acaba la fuerza para pelear y alzar las manos para decir “bastá!”, pero aun así queda algo, me queda una familia, el amor de un hombre y el cariño de la gente que me considera valiosa, sé que  vivo en un lugar violento, donde  la inseguridad es un artículo de uso diario. Es raro, alguna vez pelee por la justicia, el bien común, la verdad, quería que el mundo  fuera capaz de reconocer al otro, donde la tolerancia  fuera la medida de una sana convivencia; sin embargo, día a día me convencí de que mis ideales eran mentira, no puedes cambiar la naturaleza humana  y no importa, te adaptas, me adecue a que a pesar de  todo, y aprendí que las personas que amas  son las únicas capaces de brindar una esperanza para enfrentar el mañana.
 
 
Víctor López Pelcastre

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