Qué más quisiera que todas las cosas tuvieran un poco de
sentido y que existiera en algún lugar eso que muchos llaman libertad. A veces me pregunto sí es necesario todo esto
para vivir de alguna manera; pienso que en realidad no vivimos, sólo
sobrevivimos ante los embates de las circunstancias que en lugar de
presentarnos un futuro, se empeñan en que veamos un presente que carece de toda
lógica y razón, donde todo se impone en
un indeterminado de decisiones sin saber
sí fueron las correctas; es como si todos tuvieran una visión particular la cual supone estar bien y tal vez sea
cierto, de alguna manera cada persona es
un mundo donde se enmascaran todos los sentimientos y los deseos,
un espacio donde se reprime y el contexto es un infierno, donde no basta
el anhelo para sentir y dejar sentir a los demás el amor que llevamos dentro.
Y es innegable, la vida
se contempla entre pérdidas, perdemos a quienes amamos, a quien está tu
lado y nada vuelve, por eso es que digo
que sobrevivimos y nos creemos esa patética idea de “volverse
a levantar” pero el dolor no se acaba,
siempre hay algo que nos recuerda lo que se fue, personas, trabajos, una vida yacida
en el caño y queremos echarle la culpa a todos sin reflexionar que hay cosas
que salen de nuestras manos y otras de las cuales somos culpables directamente.
A veces, lo juro de verdad, no basta ser inteligente, no tenemos la capacidad
de olvidar, sólo cargamos un saco lleno de fracasos y penas donde el existir se
vuelve tan difícil, tan pesado que lo único que
quieres es gritar tan fuerte como puedas y aunque lo hagas nadie te
escucha, ni te mira, eres como un susurro perdido en el viento que no es capaz
de comunicarse con los miles de suspiros que exhalan todas las personas
quedando simplemente en esa soledad que tú y yo conocemos.
Entonces que hay? Evasión, odio, rencor, miedo, melancolía,
venganza, ira; el hombre se convirtió en una máquina que es incapaz de
encontrar en el mismo paz y ningún argumento, ni las lágrimas que mojan las almohadas
harán que nuestra alma se torne blanca.
Las noches se vuelven solitarias, te sientes tan vacío, tan pálido,
tan muerto como muchos quisieran estarlo, nos cubrimos o quizá sólo yo me cubro
la cabeza simulando que todo está bien y le digo a mis amigos “no te preocupes,
no pasa nada” Y si, no pasa nada, se te acaba la fuerza para pelear y alzar las
manos para decir “bastá!”, pero aun así queda algo, me queda una familia, el
amor de un hombre y el cariño de la gente que me considera valiosa, sé que vivo en un lugar violento, donde la inseguridad es un artículo de uso diario.
Es raro, alguna vez pelee por la justicia, el bien común, la verdad, quería que
el mundo fuera capaz de reconocer al
otro, donde la tolerancia fuera la
medida de una sana convivencia; sin embargo, día a día me convencí de que mis
ideales eran mentira, no puedes cambiar la naturaleza humana y no importa, te adaptas, me adecue a que a
pesar de todo, y aprendí que las
personas que amas son las únicas capaces
de brindar una esperanza para enfrentar el mañana.
Víctor López Pelcastre
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