Quizá un día despiertas y piensas que tu vida debe tener un cambio, tal vez es
tiempo de dejar esa mediocridad que te sumerge en una apatía que no te permite
ser feliz. Volteas hacia atrás, miras enfrente, no visualizas nada que te haga
sentir que lo que haces tiene trascendencia;
sólo escuchas esas voces molestas que te dicen que eres un bueno para nada, esa clásica frase de: “Estas
desperdiciando tu vida”… La verdad es que llevas mucho tiempo mandado a todos
al diablo e ignorando lo que dicen, crees
que eres la víctima en un mundo extraño donde sólo tú puedes ver la
realidad pero, a lo mejor el mundo no es
tan extraño, quizá la realidad es
mediocre, llena de esos clichés baratos de centro comercial, quizá todo está lleno de esa alegría superflua que te lleva a ser optimista cuando
todos saben que en el fondo la vida en cualquier esfera y en cualquier ámbito
es mucho más violenta que una selva.
Entonces te esfuerzas de verdad ,crees que se puede hacer
algo, que tu vida no es una pérdida de tiempo frente a la computadora, imaginas
que esas horas interminables en Facebook
mirando esas patéticas caritas y
postales con mensajes románticos y
tiernos por fin surtieron efecto en ti. No sé, pero de alguna manera la libertad deja
de darte la espalda para mostrarte un camino que no se parece a nada; a lo mejor es tu autodeterminación o
maduraste, quizá pasar a los treinta y
tres te haga un adulto responsable digno
de la confianza social que todos anhelan. Ya no eres mentalmente un adolescente
poniéndose playeras negras y pantalones
roídos, ahora has pasado a el
traje sastre y la corbata, usas unos
lentes de armazón metálico que te hacen
ver de cuarenta y esperas el día en que
con tu sueldo y tu trabajo obtengas una
casa y compres un auto.
La sociedad de consumo te consume, entras en el juego y te
vuelves sujeto de crédito, compras todo aquello que deseas, no importa si lo
necesitas o no; ya no eres el inadaptado que creía que por escuchar a Pink Floy
y leer a Sartre eras un intelectual renegado. En tu mente la idea de la
estabilidad te vuelve loco, no sólo
quieres una buena economía y los bienes que han de asegurarte la vejez, deseas
una mujer que te de hijos y con la cual envejezcas. Te has tragado de un bocado
lo que dice la televisión, te dejaste embaucar por los medios. Eres un vil
servidor social que por más que intentes
mirar con la óptica rebelde el
presente, sólo son esos ecos viejos del pasado que no son nada.
Y que pudiste
conseguir? Realmente la felicidad se
mide por las horas hombre que laboraste como esclavo para tener el último
iPhone? Te miro y me miro… tú
esperas conquistar el mundo, reinventar
el futuro y dilucidarte como ese tipo exitoso que enmarca en su pared los títulos
obtenidos; esperas presumir tus logros, viajar,
etc. Pero, la verdad es que no
eres nada, ni siquiera eres tú, te
convertiste en la copia fiel de la mayoría de los ciudadanos de una urbe, ese
espécimen que busca ese hueso, sin embargo olvidaste que la carne no se la come
el perro.
En fin, soy yo, no soy tú y antes que mi vida se convierta
en una idéntica a la tuya, y antes de que llegue a los 50 años con el pelo canoso tratando de revivir mis ilusiones de joven,
prefiero decirte “púdrete”, ahogarme
en mis pensamientos y aventarme al
vacío, al fin y al cabo no hay infierno,
no hay cielo…
Autor. Víctor López Pelcastre