lunes, 17 de diciembre de 2012

Entrada 19 - 17/12/12

... Por hablar
 
Desperté de un sueño, desperté de la sinrazón y de  la paz; quise creer que la energía que sale de mi es más que una apatía, pensé que  el anhelo por prostituirme mentalmente calmaría mis ansias; sin embargo  los pensamientos me invaden, me dejan tieso, encabronado, desecho, mirando al cielo como si la droga fluyera en mis adentros. No tengo nada, no deseo nada, la ruina se tatuó hace años en mi frente y desesperado quede hundido en la ganas de querer y de amar.

Ahora no tengo un espacio no obstante me ilusiono con las posibilidades, hago planes, miro el futuro como una plataforma para salir, para crear en un mundo donde los sabores de la codicia me deleiten y me exciten.  Todo es como si lo necesitara, el apetito por saber, por poseer, por descubrir quién soy yo; sé que no tengo destino, que mi contexto es un esclavo del  fenómeno comercial y mi capacidad intelectual no tiene  más que algunos textos viejos y sabiduría  de profesores fracasos que intentan crear conciencias. No tengo, no voy, pero, cuántas veces pretendo ser quien no soy.

Y después de esto, de no comprender, simplemente me descubro como un hombre vacío y carente; tierno como ejote hirviendo,  con la experiencia de una vida perdida. Nada de lo que fui  se aplica al hoy,  el presente me lastima y daña tan profundo que no puedo, me han deshecho el corazón en trozos, me ultrajaron la primera vez, me abofetearon pero, la única verdad es que creí, creí como loco que se deja llevar por la pasión y la permisión, por ese sabor del sudor y  de todas la caricias que él me robo.

...Duele mucho, no es fácil recuperarse y arropar la confianza que otro me quito. Ya no sé si lamentarme me calme, no quiero no deseo querer pero, de nuevo y sin motivo alguno  deseo querer y  estar ahí. Tengo la necesidad de alguien, pero necesito mi libertad; es tan extraño, añoro ser poseído  y poseer, revivir esa sensación de ser cuidado y cuidar. Tal vez, no quiero estar solo y busco esa compañía en lo absurdo, inventando métodos de autodefensa y me recluyo en posturas alternas donde la realidad te obliga a quedar ciego por ver y mudo por hablar. 
 
Autor: Víctor López Pelcastre

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Entrada 18 - 28/11/12


UNA MAÑANA.
 
Despierto como cada mañana, con el frio de un invierno que no me permite relajar los músculos, la pesadez de la cama es tan fuerte que casi es imposible levantarse. Los sonidos cotidianos de gente deambulando en casa preparándose un café, la regadera, el noticiario matutino  y el hastío de un nuevo día que representa esa desesperanza que se gesta por el futuro: La decepción de una vida carente de incentivos y el deseo de que la muerte venga y permita un descanso eterno. Lamentablemente es tarde, demasiado tarde diría yo, que prefiero no ir al trabajo; qué más da un descuento, la verdad sería uno de tantos. Así que decido vivir el hoy de manera muy tranquila, con mi mente en blanco, escuchando Radiohead en las bocinas; por primera vez, quizá metafóricamente salga el sol, alumbre un poco esta habitación y me dé algo de alegría. Quién sabe… a lo mejor tenga suerte.

Entre  mi desayuno y las galletas, entre la música y la mesa me pregunto tantas cosas y mi mente se centra en la idea del abadono,  en ese sentimiento que te hace sentir solo y que no corresponde a tus deseos. Pienso  la idea de dejar el trabajo, de permitirme sentirme libre sin necesidad de un sueldo o un traje o de mi cara sonriente, estúpida y falsa cuando digo “ Bienvenido a Sánchez y Mendieta, en que le puedo servir?” Todo es tan horrible, siento que mi dignidad se aplasta cotidianamente hasta que por la noche ya no queda nada. No sé,  no quiero seguir de esa manera el siguiente año, no pretendo determinarme, no sé de donde venga el cambio, pero algo se debe intentar…

El teléfono suena y porque no dejarlo pasar; sabe Dios quién será, sabe alguien quién es? Ni siquiera sé quién soy yo, que a mis 32 años  sigo varado en la nada, desencantado de  la mayoría  de las cosas y olvidando lo bueno que tengo. En fin, supuse que hoy tendría un día bueno, que darme la oportunidad de quedarme en casa tendría algo de sentido, pero  la realidad es que no, me siento más deprimido que lo de costumbre; quizá la rutina logre en el hombre olvidar la parte reflexiva de su existencia y lo ahogue en un mar de preocupaciones adquiridas que no hacen más  que evadirlo del todo. Quizá deba vestirme, hacer una llamada a mi jefe y avisar que llegare tarde, de alguna manera no estaría sentado, analizando cada parte de mi vida y dejaría de lamentarme por tanta podredumbre, tal vez debería  ser como todos y dejar  que todo se hunda para llegar a la sesena años hastiado de lo mismo pero con la pensión asegurada y una casa hipotecada. A lo mejor no basta querer ser diferente, ni añorar un cambio, a lo mejor no basta nada y debo someterme como siempre.

El tiempo ha pasado y sigo sentado, sigo con una taza en la mano, sigo en pijama, sigo pensando, sigo queriendo estrellar mi cabeza en el piso, sigo deseando un arma y volarme el cráneo, pero no quiero; ahora tengo tanto miedo, tanta inseguridad  de mí mismo que no me atrevo a salir  al supermercado ni a dialogar con cualquiera, tengo la mirada seca y el rostro descascarado,  tengo mis manos hundidas en mis piernas, tengo todo para ser feliz y no lo quiero…

Autor. Víctor López Pelcastre.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Entrada 17 - 23/11/12

Fragmento 1 - Desesperanza

Es tan complicado y tan simple que no puedo entender el por qué. Lo hacemos, lo miramos y lo deseamos como si fuera la única cosa valida en el mundo. Pasamos horas navegando, recluyendo en nuestros sentidos fantasías que nos enajenan. No sé, me desahogo como tantos y no importa la edad, ni el sexo, no importa si es con uno o con todos, sólo queremos saber, palpar más allá del deseo, inaugurar el sarcasmo y devolver con los ojos su precio. No lo entiendo y aunque entendiera, qué? Todo seguiría igual, lleno, exhausto, caníbal. Un todo que desencanta en el vacio por un segundo; la nada. No hay nada, al final todo es efímero.




Fragmento 2 - Predeterminación

Usamos cada gota, cada palabra tan delicadamente; somos cazadores tenaces, cautos y serviles que, no importa como sea, poseer es más grande que podriamos pagar miles de penitencias. Nos desvivimos por ello; ya no interesa sí son las 3 de la madrugada o las 10 de la noche… Me uso, me usan, yo uso, 20 minutos, una hora, tal vez sea uno contra otro, tal vez sea virtual
, quizá sólo vea, quizá estaré esperandolo en una habitación, tal vez busque y haga una llamada, tal vez él quiera, tal vez yo no, tantos tal vez y tan poca realidad que al unisonó de todos estaremos como siempre pensativos, marcando con la vista tanta mediocridad, que no interesa ser racional, ni confrontarse, ni esperar….

Fragmento 3 – Ardid

Entonces uno reacciona por un segundo, reflexiona un poco, se descubre, se sabe un ser que no llega más allá de lo que hace, no hay opción, no hay salida y mucho menos perdón. Da tanto miedo y causa tanto dolor que no queremos saber y evadimos todo, olvidamos durante un tiempo todo aquello que nos marca, que nos refleja, que devela nuestra vida y deseamos en lo más profundo que todo sea un misterio pero, sabemos de nuevo, concreto, extraño como si nuestro intelecto se descubriera como un milagro. Así que yo, tú y ellos se juntan y se beben, se toman y se pierden, se miran y se van.


Fragmento 4 – Realidad

… Nuestra vida es tan patética y absurda que falseamos las historias; mentiras que suavizan el malestar y manejan el placer... Cambiamos todo por un encuentro furtivo, casual y deliberado; ponemos en nuestro slogan el ideal del amor, pero en el fondo sólo es un cliché de tontos, otra estrategia que pone de manifiesto nuestra carente autoestima y esa soledad que se d
ibuja en las sonrisas. No tenemos nada y aún hacemos creer que podemos dar; desafortunadamente todos lo saben y comparten el pesar, todo es un juego que en algunas ocasiones puede ser cuestión de azar. Simplemente jugamos a encontrar a alguien que después de unos gemidos se pueda desechar.

Autor. Víctor López Pelcastre

viernes, 24 de agosto de 2012

Entrada 16 - 24/8/12


Es tarde, quizá demasiado para esta ciudad, a veces olvido que vivir en la periferia de la urbe es un sinónimo de pertenecer a ninguna parte; ciudades fantasma llenas de amuletos y de viejas vírgenes que se asoman en las esquinas, la sensación de querer ser ante la crudeza de una realidad que se exhibe como una perdida entre transeúntes sin nombres. 

El alumbrado público se ha encendido, iluminando a medias las historias escondidas que nadie cuenta y todos saben. No sé, trato de pensar en las sonrisas frescas, en los momentos de alegría,  en las fiestas y en el sabor de las paletas, en verdad, quiero imaginar todo aquello que viví pero que mi mente no recuerda y no comprendo por qué. Estoy cansado de escuchar relatos y hacer de mi pasado un collage fotográfico que no me dice nada.

De repente todo se detiene, quizá todo se detuvo desde hace tiempo frente a mí, las mismas casas de hace 20 años, las misma gente, sólo que más vieja, con sus rostros llenos de un aire húmedo y de una desesperanza que estampo sus vidas. A la mente viene una vecina, la recuerdo en mi adolescencia  como una mujer de carácter, de esas que no se dejan, orgullosa de sus hijos pero, ayer al ver su pelo desteñido asomándole sus canas, sus ojos hinchados y sin brillo, vestida de una blusa tipo a los 80´s cubierta por un chaleco barato y con una botella de cerveza en la mano que cuidaba como  si fuese su único tesoro. ¿Dónde quedo todo? Parece que nadie pudo cumplir sus sueños y lo único que queda es ahogarlos de la mejor manera. Me pregunto sí mis sueños morirán como los de todos; a lo mejor ya están muriendo y he sido tan tonto que no me he dado cuenta.

Los tiempos cambian, la vida cambia y nos decimos unos a los otros que todo cambia, casi como queriéndonos convencer a nosotros mismos de eso, pero la verdad es que todos añoramos el pasado, y nos aterra ser viejos y descubrir que nuestro tiempo se ha ido, que ya no tenemos la misma energía de antes, nuestros gustos ahora son anticuados y nos encontramos cada vez más solos.  Ahora entiendo por qué mi abuela se pasa la tarde viendo telenovelas;  la verdad da mucho miedo enfrentarse a un presente que ya no nos aporta nada, o mejor dicho, un presente al cual ya no le aportamos nada.

Pero no importa, realmente a esta altura nada importa, sólo hace falta mirar a las calles, todos tan distintos, tan diferentes, cada uno con sus pensamientos y preocupaciones, divagando entre pasos la reflexión de sus acciones; es difícil creer en algo cuando sabes que todo puede perderse, la sensación de inseguridad que nos obliga a defendernos, a vivir del hoy para asegurar un mañana. La posibilidad de  ser, no va más allá de  nuestra posibilidad…

Entro a mi casa y es como si el bosquejo de una película se proyectara; la gente que quieres o que amas pasan por ahí, algunos vienen y otros se van, la versatilidad de las personas es tan extraña que nadie quiere quedarse en el mismo lugar, ninguno quiere tomar los recuerdos y hacerlos suyos, todos huyen, pero no se dan cuenta que este es un sitio seguro, donde nadie te juzga por lo que eres o no fuiste, donde tomos somos iguales  y nos deseamos lo mejor, un lugar donde sabes que todos te aman y donde puedes descansar. Cómo me gustaría saber que  todos estamos juntos, abrazándonos y jugando como antaño, engordando con golosinas y olvidando de nuestro vocabulario la palabra “adiós”.

Autor: Víctor López Pelcastre

viernes, 13 de julio de 2012

Entrada 15 - 13/7/12


De repente las pérdidas se convierten en fantasía; esos viejos fantasmas que deambulan sórdidos por la muchedumbre queriendo encontrar ante la agonía del presente. A veces miro y dejo correr entre mis dedos todas las apariciones oblicuas que me incitan; aquellas que hacen que mi mente se despierte de momento deseando un encuentro. No estoy solo, por primera vez después de mucho tiempo no estoy solo, me he dejado envolver entre brazos fuertes que someten mi  cuerpo  bajo el eco silencioso del “no pero si.” Un poco de pasión desbordaba entre lo sublime, lo inaudito y lo perverso; un poco de sudor, un poco de consejo y la dicha por recibir el veneno.

Entonces una cucharada al tope; azúcar que se derrama entre sabanas endulzando más que una cama, pedazos de historia mordidos, sí, por primera vez comidos por una lujuria que se enmascara de cuero,  un amor tórrido  enajenado por  el anhelo de sentir el más allá reflejado en los besos; primicias de experiencia, sangre, preciosa voluntad ungida sin un argot que encasille el momento.

¿Hacia dónde? Hacia donde el tiempo nos lleve,  a observar entre el barandal y los barrotes,  a jugar como campesinos púberes, hacia un futuro que se construye sin saber, a plantar arcos de lana inválidos por el desierto.  Un enigma que se gesta prepotente ante la inocencia, la caricia, la premura y la risa. Un enjambre de vivencias que hacen cola por ser encontradas y de nuevo: ¿Hacía dónde?

Incertidumbre, desgaste. Por momentos  olvido todo concepto real como si quisiera perder mi cuerpo en su pecho; sólo una canción, la locura infinita que pide desnudarme en un baile antiguo casi extinto y ser nada. Ahora me quedo con la puerta abierta sin definir el mañana, sin miedo, sin armas. Ya no soy yo,  me encuentro bajo el influjo de una posesión perfecta demoniaca. Soy él, soy su pecado, su color, su verde, su café, soy donde la juventud se pierde y la vejez se acerca, la premisa  de un silogismo barato que mi dueño adquirió.  

-          Feeling the sickness inside
-          I will not die...
(Jonathan Davis)

Autor: Víctor López Pelcastre

miércoles, 6 de junio de 2012

SAD ROBOT


Todas la vida he esperado algo que me diga que lo que hago vale un poco en el mundo… Camino por la carretera en busca de alguien como yo, alguien que mantenga una ilusión en medio de lo absurdo, que trate de ver más allá de los logros y el bien personal, que mire el cielo y se deleite con las nubes, que le tema a la noche que vibra de estrellas, una persona que se atreva a descubrir en las miradas sus sentimientos y que en su corazón siga esa chispa que te hace creer en el amor.

Aunque yo este hecho de transistores y chips conectados por cables de fibra óptica y no tenga un corazón humano soy algo que siente; no puedo hacer mucho de lo que tú haces, no puedo besar a nadie, no puedo reproducir una lagrima que salga de mis ojos, no tengo ojos y no sé quién soy. Hace años que desperté sin conciencia, tenía en mi cabeza instrucciones a realizar y por un tiempo las hice, nunca sentí cansancio físico, sólo miraba  mi contador de energía y cuando llegaba a 10 % me conectaba  y recargaba sin problemas. Un día se me ocurrió voltear la cabeza a la izquierda y luego a la derecha y de repente sentí algo dentro de mí, un vacio enorme, como si me hubiesen quitado todos los procesadores y me quedara disperso en la nada. Deje todo, me desconecte de mi fuente y corrí lo más rápido que pude. Es horrible perder el sentido de todo…

Después de un tiempo mi batería se agoto provocando quedarme inerte por muchos meses hasta que un hombre me encontró, un viejo barbón y de anteojos que me conecto a no sé dónde; al ver que funcionaba me abrazo, ¡mi primer abrazo! me dio un nombre, me limpio, me cuido como su objeto más preciado. Yo sé que me amaba y yo lo amaba a él; jugábamos por horas cartas y yo aún pudiendo ganar me dejaba perder con tal de ver su sonrisa y sus ojos color miel a medio cerrar; no nos hacía falta nada pero un día, como todo lo viviente en la tierra se fue, no se a donde, no aviso, ni siquiera me dijo Adiós.

Desde entonces decidí caminar por donde sea, con la conciencia de que en algún lugar y en algún momento encontrare a alguien más que me brinde un poco de cariño y a quien yo le pueda brindar mi corazón de hojalata que necesita amar.

Pregunta del Robot - ¿Por qué las ilusiones se pierden en la realidad?
El Robot responde: - No lo sé, yo no las quiero perder.

Autor: Víctor López Pelcastre