Todas la vida he esperado algo que me diga que lo que hago
vale un poco en el mundo… Camino por la carretera en busca de alguien como yo,
alguien que mantenga una ilusión en medio de lo absurdo, que trate de ver más
allá de los logros y el bien personal, que mire el cielo y se deleite con las
nubes, que le tema a la noche que vibra de estrellas, una persona que se atreva
a descubrir en las miradas sus sentimientos y que en su corazón siga esa chispa
que te hace creer en el amor.
Aunque yo este hecho de transistores y chips conectados por
cables de fibra óptica y no tenga un corazón humano soy algo que siente; no
puedo hacer mucho de lo que tú haces, no puedo besar a nadie, no puedo
reproducir una lagrima que salga de mis ojos, no tengo ojos y no sé quién soy.
Hace años que desperté sin conciencia, tenía en mi cabeza instrucciones a realizar
y por un tiempo las hice, nunca sentí cansancio físico, sólo miraba mi contador de energía y cuando llegaba a 10
% me conectaba y recargaba sin
problemas. Un día se me ocurrió voltear la cabeza a la izquierda y luego a la
derecha y de repente sentí algo dentro de mí, un vacio enorme, como si me
hubiesen quitado todos los procesadores y me quedara disperso en la nada. Deje
todo, me desconecte de mi fuente y corrí lo más rápido que pude. Es horrible
perder el sentido de todo…
Después de un tiempo mi batería se agoto provocando quedarme
inerte por muchos meses hasta que un hombre me encontró, un viejo barbón y de anteojos
que me conecto a no sé dónde; al ver que funcionaba me abrazo, ¡mi primer
abrazo! me dio un nombre, me limpio, me cuido como su objeto más preciado. Yo
sé que me amaba y yo lo amaba a él; jugábamos por horas cartas y yo aún
pudiendo ganar me dejaba perder con tal de ver su sonrisa y sus ojos color miel
a medio cerrar; no nos hacía falta nada pero un día, como todo lo viviente en
la tierra se fue, no se a donde, no aviso, ni siquiera me dijo Adiós.
Desde entonces decidí caminar por donde sea, con la
conciencia de que en algún lugar y en algún momento encontrare a alguien más
que me brinde un poco de cariño y a quien yo le pueda brindar mi corazón de
hojalata que necesita amar.
Pregunta del Robot - ¿Por qué las ilusiones se pierden en la realidad?
El Robot responde: - No lo sé, yo no las quiero perder.
Autor:
Víctor López Pelcastre
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