Escucho palabras y mi cabeza se calla, el cielo se cae a pedazos, paradigmas que me
comen mi cerebro y me pregunto en dónde
está todo? Las voces que escucho no pueden darme respuesta, son simples ecos
del pasado que desea ser presente, la melancolía de los ayeres en la cabeza de
tantos… Hombres solos que desean volver a vivir y mujeres que no pierden la
esperanza por sentir un poco de alegría. Una yegua que voltea y me mira en mis
adentros; el dolor desesperado cuando se pierde a alguien que amas; soledad, un
espacio sin mentiras, sin lamentos, sin esperanza en un regreso, sin saber nada
de nadie, sin querer saber de mí. Una llamada de teléfono perdida, no quiero
que nadie sepa que estoy aquí pero la
gente no me entiende; aquí en esta vida no sé lleva uno más lo que sirve porqué
lo cae al piso se lo chupa el Diablo.
Tantos años juntos y quiero estar en mi casa y le cantaba la
canción de los zapatos cafés y sí tuviera a alguien me iría con ella, tenía
todo y de repente todo se acabó y todo lo que quiero es irme de esta vida con
Dios, para qué quiero más sí ya lo goce… Jacinto, dónde quedo la flor, dónde el azul,
por qué todo es amarillo, por qué el silencio, por qué una mirada que dice
adiós? Maldita sea por qué todo se
acabó?
Y el tiempo, tantos
conocimientos que se quedan en la cabeza,
nadie los sabe, todo se quedó en una tempestad donde el roce del viento
me provoca nauseas. Mi mundo, una casa que se cierne en donde me dejaron, ellos
dijeron que no podían cuidarme, otros fueron abandonados; antes podía ir a
comprar carne, pero cuando uno es viejo pierde su libertad, te desfasas del
mundo, te ahogas en la coladera de un caño y te da igual que pase algo o no
pase nada. Los días son absurdos, me deprime la agonía y la basura, no puedo ir a Misa, estoy rodeado entre mangueras y pellejos, con mis venas destrozadas por el
sueño, con un soplo que me come, sin invierno ni verano. A dónde va ir uno cuando
mi tumba estoy cavando?
De qué sirve tener tanto, entregar todo por algunos y recibir nada a cambio? Dónde queda la
alegría de la que me jacto sí al final veo tu rostro necesitado de la escucha,
del saber que eres amado, mientras que
en tu silencios hablas con las cosas, te enfadas por el traste o por un pasto
que no fue podado? Cómo enfrentar una
existencia cuando sabes que aunque eres el dueño siempre serás invitado? Con
tus gatos en tu cuarto, con una comida en solitario, con tus ojos iluminados
cuando yo me acerco y te doy un abrazo. Cómo pensar en vivir sí el futuro está
enfrente, sin fuerzas, sin energías, intentado robar la atención con tu
peinado, con tu ropa con olor a viejo, con tu sonrisa oculta… Muestra tus
dientes, no importa que sean escasos. No me mires para pedir algo, es tuyo, que
no te importe, eres hermoso y eso me da miedo y aquí es donde en mi mente el
suicido cobre fuerza. Donde me miro y
aunque me avergüenza aceptar que los años son la huella, me pregunto de verdad
sí vivir vale la pena.
Autor. Victor López Pelcastre
