jueves, 9 de octubre de 2014

Entrada 28 - 9/10/14


Pretendo esconderme donde nadie me encuentre, la vida se ha convertido  en una secuencia insoportable de acontecimientos que no me llevan a ninguna parte; he comprendido que las tardes, las mañanas y cualquier hora del día son tan intrascendentes que me olvido del tiempo, del espacio y de todo lo que me rodea, no quiero ser algo, ni alguien, no proyecto fingir más de lo que yo me permito para subsistir, realmente ya no sé sí estoy al límite o descubro una indiferencia absoluta en todo lo que hago. Los ayeres de deseos y sensaciones me causan asco  y  buscar un nuevo camino no me anima a vivir y sinceramente no sé quién soy, ni quien fui.


Hubo un tiempo donde descubría y creaba, donde me hacía ilusiones y presenciaba un presente que agradable o no, coincidía con el confort que necesitaba,  tal vez creía mis mentiras y le daba un carácter formal para hacerlas pasar por verdad, jugué demasiado, manipule, me deje someter, vacíe mi carácter en moldes para forjarme como una persona y al final no resulto, no soy un hombre, ni una mujer, no soy aquello que esperaron, ni lo que quise ser, no soy el ideal ni la sombra, sólo me oculto y simplemente comprendí que las cosas por las que lucho son absurdas, hoy prefiero un mundo donde todo muera y se destruya, donde el temor me consuma llenándome de culpa por mis malas decisiones, quiero un mundo donde yo muera…


Las palabras ahora son gritos de necesidad, carezco de la capacidad de mirar y  asombrarme con lo sublime y prefiero lo efímero que me llena de nada para tener fé  en la desesperación del engaño,  maldito el día que escuche tus mentiras y las mentiras de todos;  blasfemias sobre la verdad, dichos huecos que se enmarcan en un “te quiero”, miradas de esperanza que disimulan el hastío de vivir en la miseria de la hipocresía y la falsedad,  no necesito sentimientos, no existe el amor, tantas veces orando, pidiendo a lagrimas perdón y otras tantas pisoteando mi dignidad por buscar permanecer y todo por un momento, por sentir que mi corazón vale un poco, que un abrazo me calmaría y un beso que se siempre se convertía en sexo calmaría mi lujuria. Mentí y qué? Todos lo hacemos.


Y a veces, sólo a veces descubro un  mundo donde no entiendo, donde el orgullo puede más que la bondad y mirarse es todo sin mirar. Las cosas desaparecen y los hombres se rompen, se olvidan de la bendición de ser, mientras el miedo se apodera de sus bocas y la desconfianza de sus mentes, no tenemos nada porque no existe nada, el trabajo, los amigos, la necesidad de pertenecer, nada es seguro ni eterno, lo divino es la salvación del mediocre y la realidad la pérdida de la  humanidad, para qué sirve el  amor sí solo destruye el alma, para que la amistad cuando la hipocresía y la conveniencia la marcan.  Y a veces me siento en una banca y me quedo estático  y a veces no quiero nada y a veces todo y hoy no miro, deseo ser ciego.


Tanto tiempo y hoy comprendo, trate de pensar en mi vida pero no puedo, me deshicieron, me tomaron con sus manos y me cortaron en pedazos, tantos como para nunca recordar el pasado; me quitaste mi alma, me dejaste perdido en una tierra que odio y por más que intento pegar mis partes, maldita sea… no sé cómo hacerlo.  Por qué me mataste, no te basto una bala? Por qué aun tomas la daga y la clavas en mi espalda? Te odio, no soy un juguete,  ni  tu sirviente, no sé qué jodidos soy pero sé que no soy tuyo ni de nadie. Déjame en paz, vete, lárgate de mis pensamientos y púdrete. Por un demonio, dónde está la paz  y la calma de la que todos hablan?


Por qué quiero encontrar cuando sé que no hay? 
Por qué obligarme a vivir sino quiero?

Por qué no tengo el valor de meterme  un disparo en la cabeza sin importar quién soy?



Autor. Victor López Pelcastre


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