Pretendo esconderme donde nadie me encuentre, la vida se ha
convertido en una secuencia insoportable
de acontecimientos que no me llevan a ninguna parte; he comprendido que las
tardes, las mañanas y cualquier hora del día son tan intrascendentes que me
olvido del tiempo, del espacio y de todo lo que me rodea, no quiero ser algo,
ni alguien, no proyecto fingir más de lo que yo me permito para subsistir,
realmente ya no sé sí estoy al límite o descubro una indiferencia absoluta en
todo lo que hago. Los ayeres de deseos y sensaciones me causan asco y
buscar un nuevo camino no me anima a vivir y sinceramente no sé quién
soy, ni quien fui.
Hubo un tiempo donde descubría y creaba, donde me hacía
ilusiones y presenciaba un presente que agradable o no, coincidía con el
confort que necesitaba, tal vez creía
mis mentiras y le daba un carácter formal para hacerlas pasar por verdad, jugué
demasiado, manipule, me deje someter, vacíe mi carácter en moldes para forjarme
como una persona y al final no resulto, no soy un hombre, ni una mujer, no soy
aquello que esperaron, ni lo que quise ser, no soy el ideal ni la sombra, sólo
me oculto y simplemente comprendí que las cosas por las que lucho son absurdas,
hoy prefiero un mundo donde todo muera y se destruya, donde el temor me consuma
llenándome de culpa por mis malas decisiones, quiero un mundo donde yo muera…
Las palabras ahora son gritos de necesidad, carezco de la
capacidad de mirar y asombrarme con lo
sublime y prefiero lo efímero que me llena de nada para tener fé en la desesperación del engaño, maldito el día que escuche tus mentiras y las
mentiras de todos; blasfemias sobre la
verdad, dichos huecos que se enmarcan en un “te quiero”, miradas de esperanza
que disimulan el hastío de vivir en la miseria de la hipocresía y la
falsedad, no necesito sentimientos, no
existe el amor, tantas veces orando, pidiendo a lagrimas perdón y otras tantas
pisoteando mi dignidad por buscar permanecer y todo por un momento, por sentir
que mi corazón vale un poco, que un abrazo me calmaría y un beso que se siempre
se convertía en sexo calmaría mi lujuria. Mentí y qué? Todos lo hacemos.
Y a veces, sólo a veces descubro un mundo donde no entiendo, donde el orgullo
puede más que la bondad y mirarse es todo sin mirar. Las cosas desaparecen y
los hombres se rompen, se olvidan de la bendición de ser, mientras el miedo se
apodera de sus bocas y la desconfianza de sus mentes, no tenemos nada porque no
existe nada, el trabajo, los amigos, la necesidad de pertenecer, nada es seguro
ni eterno, lo divino es la salvación del mediocre y la realidad la pérdida de
la humanidad, para qué sirve el amor sí solo destruye el alma, para que la
amistad cuando la hipocresía y la conveniencia la marcan. Y a veces me siento en una banca y me quedo estático y a veces no quiero nada y a veces todo y hoy
no miro, deseo ser ciego.
Tanto tiempo y hoy comprendo, trate de pensar en mi vida
pero no puedo, me deshicieron, me tomaron con sus manos y me cortaron en pedazos,
tantos como para nunca recordar el pasado; me quitaste mi alma, me dejaste
perdido en una tierra que odio y por más que intento pegar mis partes, maldita
sea… no sé cómo hacerlo. Por qué me
mataste, no te basto una bala? Por qué aun tomas la daga y la clavas en mi
espalda? Te odio, no soy un juguete, ni tu sirviente, no sé qué jodidos soy pero sé
que no soy tuyo ni de nadie. Déjame en paz, vete, lárgate de mis pensamientos y
púdrete. Por un demonio, dónde está la paz
y la calma de la que todos hablan?
Por qué quiero encontrar cuando sé que no hay?
Por qué obligarme a vivir sino quiero?
Por qué no tengo el valor de meterme un
disparo en la cabeza sin importar quién soy?
…
Autor. Victor López Pelcastre
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