martes, 10 de febrero de 2015

Entrada 30 - 11/2/15


Una versión de una vida, la sensibilidad que se encarna en la piel como si esta fuera un ala del destino No sé de donde saque las plumas, ni en donde deje la aurora, no sé quién dijo que soy un ángel, sin embargo descubrí que las palabras son un soplo que se plasma en el viento parecido a las ondas de radio que vagan por el universo, y me pregunto el lugar y la forma, porqué no recuerdo de donde soy, ni como vine a parar en un papel, no comprendo porque las luces alumbran como un sol y los ojos  me miran con esa rara percepción de extrañeza, es casi como si tratasen de preguntarme sí está bien mi existencia.

Un día pasa, tal vez, una semana, la verdad no recuerdo de donde sale el tiempo, no sé para qué sirve sí siempre estoy sentado en el mismo lugar deseando los placeres de otros, gritando con mis manos alegrías, mientras expreso en sus colores la agonía. Es tan tonto pensar en un día y nadie sabe, ni se imagina como es, un segundo se convierte en una imagen que te causa melancolía, cada recuerdo, una vista del pasado que te reclama  el “por que no cuidaste el corazón?”, otro más,  y el dolor que evades sin que nada te llene; no hay motivo, la razón de todo se pierde y de nuevo estas solo.

Las noches, esas frías sabanas que cubren la ciudad, el martirio de aquellos que nos desvelamos por amor buscando en el silencio y la penumbra una respuesta; lloramos a obscuras la necesidad de afecto, miramos la luna como si fuera una diosa que nos escucha cuando de antemano sabemos que cada platica es a la nada. Creemos en la esperanza y tenemos fé que en algún lugar habrá alguien que valore a un idealista que busca desesperadamente el confort de unos brazos que calmen sus ansias o en su defecto rogamos que aquel hombre o mujer que amamos regrese en una carroza y nos recoja diciendo: “Te necesito”… Y el viento sopla y el cariño por uno mismo se desvanece, nos fingimos fuertes y poderosos,  nos amamos ante la falta de a quien amar y amamos aunque no sepamos sí el amor  existe o realmente está ahí.

Y entonces tengo miedo, me callo todo, me miro al espejo y me veo normal, que nadie sospeche que no puedo, es tiempo de mentir y seguir adelante, no importa nada y simulo que nadie me toca, que no estoy ni ahí, pretendo vivir bajo la sombra. Soy una figura que se presenta ante el mundo, soy un hombre que escapa de su humanidad, soy un dolor constante en el rostro y como todos hago que nadie me ve y me pinto las manos de gritos y me lleno de color mis labios para pintar sobre el aire todo aquello que se dice. Ahora me someto a las reglas y me quedo parado en el papel describiendo mi universo.

Autor. Víctor López Pelcastre


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