Una versión de una vida, la sensibilidad que se encarna en
la piel como si esta fuera un ala del destino No sé de
donde saque las plumas, ni en donde deje la aurora, no sé quién dijo que soy un
ángel, sin embargo descubrí que las palabras son un soplo que se plasma en el
viento parecido a las ondas de radio que vagan por el universo, y me pregunto el
lugar y la forma, porqué no recuerdo de donde soy, ni como vine a parar en un
papel, no comprendo porque las luces alumbran como un sol y los ojos me miran con esa rara percepción de
extrañeza, es casi como si tratasen de preguntarme sí está bien mi existencia.
Un día pasa, tal vez, una semana, la verdad no recuerdo de
donde sale el tiempo, no sé para qué sirve sí siempre estoy sentado en el mismo
lugar deseando los placeres de otros, gritando con mis manos alegrías, mientras
expreso en sus colores la agonía. Es tan tonto pensar en un día y nadie sabe,
ni se imagina como es, un segundo se convierte en una imagen que te causa melancolía,
cada recuerdo, una vista del pasado que te reclama el “por que no cuidaste el corazón?”, otro
más, y el dolor que evades sin que nada
te llene; no hay motivo, la razón de todo se pierde y de nuevo estas solo.
Las noches, esas frías sabanas que cubren la ciudad, el
martirio de aquellos que nos desvelamos por amor buscando en el silencio y la penumbra
una respuesta; lloramos a obscuras la necesidad de afecto, miramos la luna como
si fuera una diosa que nos escucha cuando de antemano sabemos que cada platica
es a la nada. Creemos en la esperanza y tenemos fé que en algún lugar habrá alguien
que valore a un idealista que busca desesperadamente el confort de unos brazos
que calmen sus ansias o en su defecto rogamos que aquel hombre o mujer que
amamos regrese en una carroza y nos recoja diciendo: “Te necesito”… Y el viento
sopla y el cariño por uno mismo se desvanece, nos fingimos fuertes y
poderosos, nos amamos ante la falta de a
quien amar y amamos aunque no sepamos sí el amor existe o realmente está ahí.
Y entonces tengo miedo, me callo todo, me miro al espejo y
me veo normal, que nadie sospeche que no puedo, es tiempo de mentir y seguir
adelante, no importa nada y simulo que nadie me toca, que no estoy ni ahí,
pretendo vivir bajo la sombra. Soy una figura que se presenta ante el mundo,
soy un hombre que escapa de su humanidad, soy un dolor constante en el rostro y
como todos hago que nadie me ve y me pinto las manos de gritos y me lleno de
color mis labios para pintar sobre el aire todo aquello que se dice. Ahora me
someto a las reglas y me quedo parado en el papel describiendo mi universo.
Autor. Víctor López Pelcastre
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