Las noches.
Las soluciones no son siempre las correctas, la necesidad de las personas no responden ante lo que el mundo real nos ofrece y creemos que estamos solos. Nuestro ser carente de afecto pide más y más sin saber como obtenerlo, los mensajes de ayuda puestos en una red social no son más que un escape y un grito de auxilio que nadie escucha. Y sinceramente no tiene ningún sentido explotar los medios para decir que estás mal. Nadie te va a escuchar. ¿Crees que una familia te va a salvar, o que tu amor del momento te hará resurgir de las cenizas y te hará un hombre nuevo? La verdad es que no es así. nadie puede salvarte y nadie puede ayudarte. Estás solo ante un universo que tan despiadado es, que tu vida no vale nada para él. Y qué decir de un creador tan extraño que es imposible de entender. Nuestros problemas son tan inverosímiles que como la nada son pero tan fuertes y enormes como el infinito significan para cada uno de nosotros.
Comprender el sentido de la vida, no es la opción, aunque es parte de nuestra naturaleza; sin embargo es tan amplio y vasto que terminas por delimitar tu sentido ante algunos parámetros que puedes comprender y que a su vez de alguna manera piensas que puedes controlar. La mayoría ante la verdad prefiere una mentira y no importa el camino que elijas, el autoengaño es lo único que obtienes.
Cuando era joven, creía que podía ser feliz con una familia, una esposa e hijos a los que podría mantener por mi trabajo, con el paso de los años, descubrí que mi orientación sexual jamás me dejaría ser feliz en ese plan, pero aún pensé que todo tenía solución y me dije: ¿por qué no dejar a la fé y a un Dios que haga el trabajo pesado mientras con la oración y la ayuda al prójimo pudiera ser feliz? Error número dos y fue cuando decidí dejar todo y empezar con una mala experiencia, seguida de otra y otra hasta que llegas a una edad adulta donde no te queda más. Entonces empiezas a ver que quizá haya algo malo en ti e inicias ante un juego de terapeutas y psiquiatras que te llenan de medicamentos y de ideas de superación que casi te convencen de que el malestar que estas sintiendo puede mejorar, lamentablemente llega cada noche y un ataque de ansiedad te asfixia los pulmones, impidiendo respirar oxígeno, lloras por horas sin poder encontrar consuelo y terminas por automedicarte para tranquilizarte.
Es aquí donde me pregunto sí vale la pena estar vivo, pero no es una pregunta nueva, es algo que por años he tenido presente y que aun con todo lo bueno y lo malo que he vivido no puede salir de mi cabeza. No se sí a todos les pase, pero llega un punto donde crees que ya es suficiente, el punto donde ya has explorado todos las soluciones y escenarios y no queda nada, aunque para todos siempre hay algo más porque seguir vivo. Y así ha sido durante muchos, poniendo ante el deseo más honesto y profundo que he tenido el bienestar para otros. Afortunadamente cada vez mi mente está más cansada, más fastidiada de lo mismo y he empezado a tener otros signos. Ahora tomo medicamentos más fuertes, duermo demasiado y cuando despierto cada cosa que creí real es diferente. No sabes lo difícil que es ver cada mañana tu contexto como extraño, escuchar sonidos que no están ahí y si no duermes ver ilusiones ópticas que te enloquecen. La comprensión del mundo es tan estúpida. ¿A qué le llamas realidad? Estoy tan cansado de seguir luchando pero no se porque luchó y tomó mis medicamentos y quiero convencer a mi cabeza que puede haber algo diferente, pero ya son muchos años y ambos estamos al límite. Episodios de crisis en la calle me hacen dudar de mi capacidad mental. Si pudieras ver lo que yo veo cuando pasa eso. Todo el mundo te ve tan extraño, con miedo, con asco; no es que me importe lo que digan o piensen, lo único que me importa es el por qué me sucede a mi.
Hoy está siendo una noche como esas donde odio estar despierto aun después de media pastilla de Xanas, sin embargo hoy decidí no llorar y preferí escribir y confío en que sea suficiente para no ir por más.
Víctor López Pelcastre 05/05/2023 2.12 am.
