Alguna vez pensé que sería un
hombre y un hombre importante, que usaría un traje, una corbata y en mi mano un
portafolio. Creí todas las palabras de mis Padres e intente hacer las cosas
bien, aún en esos momentos difíciles donde las lágrimas corren por las mejillas
e imagine que los días duros en algún momento se irían e incluso ahora mismo lo
sigo pensando.
No recuerdo mucho de cuando fui
chico, tal vez jugué mucho con mis amigos, tal vez tuve muchos juguetes, tal
vez mi Madre me sonrío muchas veces y mi Padre me cargo en sus brazos, sin
embargo en mis recuerdos vagos esta una pelota de colores que veía desde el
coche, un perro blanco grande y un gato pardo que siempre se acercaba a mi cuando estaba en la
esquina llorando; recuerdo mi casa pintada de un color rojizo, las siestas en
la cama de mi abuela y la vez que me dio varicela. En mi mente están esos
platos de arroz interminables que Mamá me hacía comer, la camioneta blanca de
Papá, los gritos de mi Abue cuando me portaba mal y me encantaría recordar
mucho más. A veces veo las fotos de esa época y me parecen tan extrañas, como
si no fuera yo, no obstante sé que es mi historia y es mejor tener una imagen que olvidar lo
que fui porque si lo hiciese nunca podría saber quién soy.
Durante mi vida siempre quise
hacer muchas cosas, era el clásico niño
que quería ser Medico, Astrónomo, hasta Chofer; lo curioso es que a la fecha
aún no se manejar bien. Cuando creces un poco las cosas cambian, dejas de
preocuparte por el ser y te enrollas como un caracol, el contexto se vuelve
extraño, inentendible para ti; la evasión se convierte en aquello que te permite vivir y la idea de ser diferente
me embriago el corazón. ¿Por qué estudiar donde todos estudian? ¿Por qué mirar
el mundo sólo de una forma? ¿Por qué me sentía y siendo franco, por qué hoy me
siento tan solo? Las cosas se vuelcan contra ti de forma catastral y lo único que quieres es escapar cuando ya no hay referencias. Las busque, lo juro,
pero nadie se me hacía tan especial para imitarlo, entonces decidí hacer un
propio camino, confíe en que podría y sabía que era bueno, pero a la distancia
me pregunto si realmente lo fue.
Una tarde, en ese andar tuve una
esperanza que alimente por años, me sentía poderoso, lamentablemente me engañe,
siempre tuve un conflicto, no podía ser eso que anhelaba cuando yo sabía que
era distinto; así que un día bote todo, recogí mi ropa, me lleve mi cama y abrí
el armario. La vida comenzó y no me importo cometer errores, era feliz, supe
que podía amar, que aun siendo dañado sabía perdonar; no niego, llore muchas
veces pero otras reí, me divertí, conocí tanto, era un aventurero que no
importaba como viajar, ni en donde dormir. Aprendí a escribir mis pensamientos
de una forma intima, con el corazón, sin importar quien lee mis líneas, quería descubrir
en mis sentimientos quien era yo.
Ahora es diferente, uno se vuelve
adulto, dejas de ser idealista, piensas que es demasiado tarde para muchas
cosas; y una noche como hoy, cuando viajas en la ciudad y miras a las personas, tocas tu alma como si fuera la última vez y no tuve opción,
voltee a mi pasado, y me sentí tan melancólico
y gozoso, comprendí que mi crisis no
era por lo que deje de hacer, es porque
había perdido el sentido, me había convertido en un autómata que dejo de
maravillarse por todo; no mentiré hay momentos donde los problemas me
sobrepasan, donde desearía tener el valor para quitarme la vida, pero esta
noche no; tome mis manos y deje que mi espíritu hablara, que curara mis heridas
y me diera la oportunidad de volver a sentir la tinta para poder decirme a mí
mismo GRACIAS.
Autor: Víctor López Pelcastre
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