Es jueves, son las 8 y media de la noche, bajo de un taxi cerca de
la Zona Rosa,
es una noche como tantas de otoño. Traigo un vestido largo color rojo de una
sola pieza, zapatillas negras de tacón alto
y el viento sopla sobre mi rostro
y juega con mi pelo largo. Camino sin ningún rumbo, tal vez a cualquier
bar, no importa lo que tome nada me hará olvidar, no traigo ni un centavo pero
lo que me interesa es buscar quien pagara.
Un hombre blanco, robusto, de edad madura, se acerca y me
pregunta -¿De qué huyes?- Realmente no me importa lo que diga, cualquier cosa
que respondiera se escucharía mal, así que dije sinceramente - del dolor y la
vergüenza -, entonces el hombre me dijo - ¿Me dejas acompañarte? - A lo que
simplemente di un sí como respuesta. Nos acercamos a la barra él pidió un
vodka, yo un coñac; Chocamos las copas y brindamos por la caída de la alegría,
por la falta de la paz y por nuestra muerte que algún día ha de llegar. De
repente sentí su mirada, me observaba con detalle, me miro a los ojos y dijo –
Soy Arturo – y yo le sonreí coquetamente.
Después
de tomar varias copas nuestro inconsciente empezaba a salir; nunca me han gustado
los hombres maduros pero esté tenia algo especial. Arturo me tomo de la mano y
me la acaricio con una ternura maternal, no sé
si la sensación me satisfacio o me asusto, no quería lastimarlo; pues he
aprendido en la vida a no deber de amar
y que el único ser confiable es la soledad. Pense entonces: tal vez
quiere jugar, pero ¿A qué? Era la pregunta y la respuesta surgió de la voz de
él. – Creo que todos los hombres tienen un secreto que nadie conocerá jamas, ni
tu esposa, ni tus hijos, ni tu amante, ni tu confesor. Nadie lo sabrá ¿Quieres
conocer el mío? – No sabia que decir, sólo sé que ahora puedo ser el cómplice
de sus locuras o su ejecutor.
Jugar
y después matar, ese había sido mi lema, prefiero torturar a un individuo antes
de suicidarme. Era el momento de decidir, quizá por locura o curiosidad, de mi
boca salió un si y la puerta se abrió sin saber que lo que pasaría después de
ese momento marcaría nuestras vidas. Temeroso Arturo pero seguro de lo que iba
a decir comenzó su relato.
-“Nunca tomes demasiado serio la vida terrestre, pues de ninguna manera
saldrás de esta vida con vida” (Hubbard) Vivo un mundo de terror interno donde
el hombre que ves no es más que un niño con
miedo, harto de escapar de mi
identidad, mostrando a todos una mascara de hombre, es decir, comportarme como
un heterosexual, acostándome con mi esposa todas las noches y simular que me
gusta, fingir con mi compañeros acerca de lo que pienso de la belleza femenina,
reprimir el voltear a ver a un jovencito guapo para no dar motivos de que sospechar y busco amantes en bares o en
Internet para satisfacer mi necesidad
sexual. Día a día me pregunto si la opción fundamental que tome fue la
correcta, quizá me equivoque y ahora estoy pagando las consecuencias; una vida
solitaria, sin nadie con quien contar, escondiéndome siempre, tal vez lo peor es que ahora quiero gritar
que soy homosexual, pero es demasiado tarde.-
Esa
noche, ese lugar, imaginaba la existencia de Arturo, pero no me compadecí de
él, por lo regular las confesiones de un adulto tienen como fin conseguir algo,
pero yo no estaba dispuesto a ceder, creo que he ennegrado bastante mi alma y
ya no deseo obscurecerla más. Arturo me pregunto - ¿Qué piensas de lo que te dije?, ¿Me entiendes? – En ese momento
recordé todo lo que he pasado en mi
vida, las penas y las alegrías, el odio y el temor... Sólo le conteste: Que difícil ha de ser vivir
así... y me quede callado un momento.
Arturo
sabía lo que pensaba, Arturo sabia de mi deseo y Arturo sabia quien era yo.
El
clímax del juego llego, me tomo de la cintura
y me acerco a él, me susurro las
palabras “me gustas”, no se porque lo deje acercarse a mí, me imagine muchas
cosas que podían suceder, y entonces fue cuando paso lo que esperaba, Arturo
propuso irnos de aquel lugar, mi corazón empezó a palpitar rápido y me puse
nervioso – no temas si no quieres solo dime – menciono Arturo, yo deseaba de
nuevo sentir, tal vez eso me haría
olvidar y accedí... vamos pues... así que salimos de aquel lugar, la
noche era tranquila, el pido al valet parkin su auto, un clásico azul marino y
pregunto – ¿A donde te gustaría ir? – Vaya cualquier lado era bueno, pero se me
ocurrió decir: tú elige por mi no hay problema; entonces salimos sin ningún
rumbo específico.
Mientras
íbamos de camino él me tomo la pierna y me la acariciaba de la ingle a la
rodilla, la reacción fue predecible, me empece a excitar de pronto un semáforo
en rojo, una mirada y un beso, ambos sabíamos lo que sucedería.
Circulábamos
por Insurgentes y la pasión empezaba a
surgir, yo acerque mis manos a su miembro y un pequeño gemido se escucho, lo
toque, tenia unas piernas muy lindas, su pene estaba excitado y
apretaba su cuerpo con desesperación; empece a desabrochar su cinturón, y posteriormente le
baje la bragueta de su pantalón negro, y
pude apreciar un boxer azul cielo que dejaba entre ver la grande erección de Arturo. Le pedí de
favor que sé levantar un poco del asiento para bajarle la ropa a las rodillas,
y fue cuando vi su piel blanca y sus
vellos güeros, tenía un pene grande y lo
empece a masturbar un poco. Con toda intención acerque mi rostro a él, le di un
beso y lo lamí hasta dejarlo humectado, solo faltaba un paso y era tomarlo con
mi mano e introducirlo a mi boca... ¡un enfrenon! Arturo iba chocar, me golpee
la cabeza con el volante y la sangre empezó a salir, un mareo y después perdí el conocimiento.
El hombre busca el placer pero el placer no esta hecho
para el hombre, esta hecho para la supervivencia y para la agonía. (Freud) Siempre he buscado
algo, pero no sé que es. En las noches de soledad encuentro miles de diablos
sedientos de carne, en las mañanas ángeles desnudos rondan por mi alcoba y en las tardes los hombres buscan a
quien devorar. Me he cansado de mirar
alrededor y descubrir nada. No tengo ni
idea que sucedió anoche, solo he despertado en una banqueta... es tarde.
Que pensar de un tipo que te abandona en un momento en el
cual tu vida esta en peligro ¿Qué es un desgraciado? Eso ya no importa debo de seguir con mi vida. He llegado a mi
casa, abro la puerta del baño y me preparo para darme una ducha, quitarme el
maquillaje y la peluca, guardar el vestido y los tacones en el closet, eso
significa que debo volver a ser el
tipo bien portado de la sociedad,
aceptar las condiciones impuestas y tener una vida mediocre y sin sentido. El
trabajo me espera me pongo el traje gris la camisa blanca y la corbata negra;
muchos pensaran que el bendolete que trae mi cabeza sucedió en un accidente cosa que no negare,
pero ocultare los pormenores, mi novia
vendrá hoy por la noche con ganas de follar un rato cuando mi alma una vez mas
esta desecha, no hay cariño ni una
palabra de aliento, al contrario habrá sudor y gemidos y nuestros corazones manchados por la
lujuria. La existencia es como una lepra pero en vez de que tu carne caiga al
suelo, cae tu dignidad. Camino; laboro, como, duermo pero no me siento libre,
en mi hay una lucha interna entre
ser él yo ideal y él yo real, sin
embargo debo entender que no hay mas que yo.
Es jueves, son las 8 y
media de la noche, bajo de un taxi cerca de la Zona Rosa, es una noche
como tantas de otoño. Traigo un vestido largo color rojo de una sola pieza,
zapatillas negras de tacón alto y el
viento sopla sobre mi rostro y juega con
mi pelo largo, he pensado en entrar a un bar beber unas copas y esperar a ver
que pasara. ¿A quien lastimare hoy?, ¿Quién me maltratara a mí?... ¡Basta!
Autor: Víctor López Pelcastre