domingo, 28 de abril de 2013

Entrada 22 - 28/4/13


Quisiera llorar y hundirme en el sofá; a veces…  Si, sólo a veces quisiera llorar  tanto aunque no hubiese porque llorar. Quizá las lágrimas enjuaguen un poco el corazón; no sé, realmente  es uno de esos días donde puedes pensar en todo y dejar que la cabeza gire y se pierda.  Quisiera tener un poco de esa alegría de la que todos hablan y presumen, dejar de lado esa melancolía  como mi única “amiga”  y sonreír ante lo bello de la vida sin tener la mirada perdida.  
 
              Y un Dios se aparece, se mira al espejo y se enorgullece de sí mismo… Qué estupidez es pensar en mantener la fe!
 
Las cosas, esos detalles tan absurdos  que se vuelven importantes, efímeros, un pedazo de cielo comprado en un aparador caro para ser abofeteado por el infierno. La risa maquiavélica de un ángel que vendió su techo por placer,  la congoja de una humanidad que se pudre sin cesar en una esfera azul de agua hirviendo, la desesperación por ser o intentar ser… Y más lágrimas.
 
Entonces nada, sensación equivoca que perturba dejando en el sin sentido con la esperanza absorta ante lo que no existe, un muñequito de migajón que se rompió en el proceso y las ganas reducidas al mínimo para poder llegar a ese estadio donde todo parece lo que es. La realidad, la única que no miente sin importarle que lleguemos al suicidio, la única en la que podemos confiar y dedicarle más de un momento para saber, para aprender a mirar, para comprender y decir tanto aunque nadie lo entienda, para quedemos sólo con el hastió de los santos al sabernos inútiles ante los demás.
 
No importan. Los aromas de esas falsas victorias sacan a luz toda esa mugre que se oculta tras esferas de papel y luz que engolosinan el ego como mecanismo de defensa. Todos tenemos miedo,  ¿Qué sigue? La apatía de un distrito que se embriaga  y se retira a dormir, ese  indigente que con su pelo  tieso y enmarañado es tan valioso en el arte de la denuncia. Tal vez todos deberíamos de morir y dejar tanta palabrería insulsa que sólo lastima una y otra vez.
 
En fin, cada tiempo, cada paso que se da ante la perspectiva se desvanece frente a la verdad, los ideales, lo sueños, los viejos de antaño que creyeron en el fantasía moderna, los padres que se asombraron,  las niñas violadas, la malvada madrastra del cuento y el unicornio azul de Silvio. No tenemos nada, creímos tener un lugar en este mundo porque  así lo dijeron,  nos engañaron diciendo lo especiales que  nos ha hecho la vida, nos convertimos un parapeto irrepetible del diseño divino.  No somos nada, ni nunca lo seremos, y ante  la mirada de asco de todos y ante el desprecio…
 
              Sólo queda olvidar que existió algo para poder ser feliz.
 
Autor. Víctor López Pelcastre

martes, 26 de febrero de 2013

Entrada 21 - 26/02/13

Quizá un día despiertas y piensas que  tu vida debe tener un cambio, tal vez es tiempo de dejar esa mediocridad que te sumerge en una apatía que no te permite ser feliz. Volteas hacia atrás, miras enfrente, no visualizas nada que te haga sentir que lo que haces tiene trascendencia;  sólo escuchas esas voces molestas que te dicen que eres un  bueno para nada, esa clásica frase de: “Estas desperdiciando tu vida”… La verdad es que llevas mucho tiempo mandado a todos al diablo e ignorando  lo que dicen,  crees  que eres la víctima en un mundo extraño donde sólo tú puedes ver la realidad pero, a lo mejor  el mundo no es tan extraño,  quizá la realidad es mediocre, llena de esos clichés baratos de centro comercial,   quizá todo está lleno de esa alegría  superflua que te lleva a ser optimista cuando todos saben que en el fondo la vida en cualquier esfera y en cualquier ámbito es mucho más violenta que una selva. 
 
Entonces te esfuerzas de verdad ,crees que se puede hacer algo, que tu vida no es una pérdida de tiempo frente a la computadora, imaginas que esas horas interminables en Facebook  mirando esas patéticas caritas  y postales  con mensajes románticos y tiernos por fin surtieron efecto en ti.  No sé, pero de alguna manera la libertad deja de darte la espalda para mostrarte un camino que no se parece a nada;  a lo mejor es tu autodeterminación o maduraste, quizá pasar  a los treinta y tres te haga un adulto responsable  digno de la confianza social que todos anhelan. Ya no eres mentalmente un adolescente poniéndose playeras negras y pantalones  roídos,  ahora has pasado a el traje sastre y la corbata,  usas unos lentes  de armazón metálico que te hacen ver de  cuarenta y esperas el día en que con tu sueldo y tu trabajo obtengas  una casa y compres un auto.
 
La sociedad de consumo te consume, entras en el juego y te vuelves sujeto de crédito, compras todo aquello que deseas, no importa si lo necesitas o no; ya no eres el inadaptado que creía que por escuchar a  Pink Floy  y leer a Sartre eras un intelectual renegado. En tu mente la idea de la estabilidad te  vuelve loco, no sólo quieres una buena economía y los bienes que han de asegurarte la vejez, deseas una mujer que te de hijos y con la cual envejezcas. Te has tragado de un bocado lo que dice la televisión, te dejaste embaucar por los medios. Eres un vil servidor social que por más que intentes  mirar con  la óptica rebelde el presente, sólo son esos ecos viejos del pasado que no  son nada.
 
Y que  pudiste conseguir? Realmente  la felicidad se mide por las horas hombre que laboraste como esclavo para tener el último iPhone?  Te miro y me miro… tú esperas  conquistar el mundo, reinventar el futuro y dilucidarte como ese tipo exitoso que enmarca en su pared los títulos obtenidos; esperas presumir tus logros, viajar,  etc.  Pero, la verdad es que no eres nada,  ni siquiera eres tú, te convertiste en la copia fiel de la mayoría de los ciudadanos de una urbe, ese espécimen que busca ese hueso, sin embargo olvidaste que la carne no se la come el perro. 
 
En fin, soy yo, no soy tú y antes que mi vida se convierta en una idéntica a la tuya, y antes de que llegue a los 50 años  con el pelo canoso  tratando de revivir mis ilusiones de joven, prefiero decirte “púdrete”,  ahogarme en  mis pensamientos y aventarme al vacío,  al fin y al cabo no hay infierno, no hay cielo…
 
Autor. Víctor López Pelcastre

viernes, 1 de febrero de 2013

Entrada 20 - 1/2/13

 
Verte llorar en el espejo….  Son tantos recuerdos, tal vez, pero no puedo dejar de llorar, no quiero olvidar, quizá no deba olvidar. ¿Por qué la felicidad termina? No sé si sea necesario que  exista el dolor, no sé quién lo invento y lo hace presente en cada cosa. No comprendo la paradoja, feliz – triste – feliz – triste – feliz, y así indefinidamente por toda la vida que, en algún punto ya no sebes si eres el malo o el bueno, sólo sientes y no hay más.
 
Creo que nunca comprenderé del todo qué hice mal  ¿qué estoy haciendo mal?  Al final sólo te queda llorar.  Pretendí, creí que si olvida el pasado, que si no recordaba cada una de las cosas no volverían, pero no, la verdad es que todo regresa, quien sabe cómo pero de repente un día te encuentras con alguien y él sabe de alguien que te daño y ese daño te hace remembranza a algo que fue hermoso, bello, colorido, a lo mejor cada historia  te persigue por siempre y aunque el futuro siempre se acerca, todo está ahí.
 
Por qué abandonas a todos? Por qué me dejaste ir? – Tal vez tuve miedo de que tú me dejaras primero. – Las cosas son tan simples; toma una flor es simple y sencilla y es todo lo que quise darte. Un abrazo que significara todo y nada, pero mientras más creces más duele… No se rendía, nunca se rendía!
 
Ahora todo cambio, el contexto es diferente y una voz pequeña surge y es más grande y gruesa, grave  y unísona, dice: Hola.
 
No quiero ser un niño con la ventana tras el patio y el frio,  con la mirada impresa en asteriscos y signos de interrogación ante  lo que  percibo. Deseo simplemente ser un adulto como todos y saber a dónde voy y con quien. Ya no quiero  creer en ideales y descubrir que he perdido el tiempo entre teorías y falsos profetas, ya no quiero vivir.
 
Y qué más da?  Todas las cosas son bellas, el cielo, el mar, la luna llena. Es tiempo de cambiar un beso por un sueño y dejar de vagar, de abrir un poco… posiblemente es tiempo de reír;  pero cuánto tiempo es suficiente sí al final veré la misma película, escribiré lo mismo, empezare de nuevo y terminare viéndome llorar en el espejo.   
 
Autor. Víctor López Pelcastre

lunes, 17 de diciembre de 2012

Entrada 19 - 17/12/12

... Por hablar
 
Desperté de un sueño, desperté de la sinrazón y de  la paz; quise creer que la energía que sale de mi es más que una apatía, pensé que  el anhelo por prostituirme mentalmente calmaría mis ansias; sin embargo  los pensamientos me invaden, me dejan tieso, encabronado, desecho, mirando al cielo como si la droga fluyera en mis adentros. No tengo nada, no deseo nada, la ruina se tatuó hace años en mi frente y desesperado quede hundido en la ganas de querer y de amar.

Ahora no tengo un espacio no obstante me ilusiono con las posibilidades, hago planes, miro el futuro como una plataforma para salir, para crear en un mundo donde los sabores de la codicia me deleiten y me exciten.  Todo es como si lo necesitara, el apetito por saber, por poseer, por descubrir quién soy yo; sé que no tengo destino, que mi contexto es un esclavo del  fenómeno comercial y mi capacidad intelectual no tiene  más que algunos textos viejos y sabiduría  de profesores fracasos que intentan crear conciencias. No tengo, no voy, pero, cuántas veces pretendo ser quien no soy.

Y después de esto, de no comprender, simplemente me descubro como un hombre vacío y carente; tierno como ejote hirviendo,  con la experiencia de una vida perdida. Nada de lo que fui  se aplica al hoy,  el presente me lastima y daña tan profundo que no puedo, me han deshecho el corazón en trozos, me ultrajaron la primera vez, me abofetearon pero, la única verdad es que creí, creí como loco que se deja llevar por la pasión y la permisión, por ese sabor del sudor y  de todas la caricias que él me robo.

...Duele mucho, no es fácil recuperarse y arropar la confianza que otro me quito. Ya no sé si lamentarme me calme, no quiero no deseo querer pero, de nuevo y sin motivo alguno  deseo querer y  estar ahí. Tengo la necesidad de alguien, pero necesito mi libertad; es tan extraño, añoro ser poseído  y poseer, revivir esa sensación de ser cuidado y cuidar. Tal vez, no quiero estar solo y busco esa compañía en lo absurdo, inventando métodos de autodefensa y me recluyo en posturas alternas donde la realidad te obliga a quedar ciego por ver y mudo por hablar. 
 
Autor: Víctor López Pelcastre

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Entrada 18 - 28/11/12


UNA MAÑANA.
 
Despierto como cada mañana, con el frio de un invierno que no me permite relajar los músculos, la pesadez de la cama es tan fuerte que casi es imposible levantarse. Los sonidos cotidianos de gente deambulando en casa preparándose un café, la regadera, el noticiario matutino  y el hastío de un nuevo día que representa esa desesperanza que se gesta por el futuro: La decepción de una vida carente de incentivos y el deseo de que la muerte venga y permita un descanso eterno. Lamentablemente es tarde, demasiado tarde diría yo, que prefiero no ir al trabajo; qué más da un descuento, la verdad sería uno de tantos. Así que decido vivir el hoy de manera muy tranquila, con mi mente en blanco, escuchando Radiohead en las bocinas; por primera vez, quizá metafóricamente salga el sol, alumbre un poco esta habitación y me dé algo de alegría. Quién sabe… a lo mejor tenga suerte.

Entre  mi desayuno y las galletas, entre la música y la mesa me pregunto tantas cosas y mi mente se centra en la idea del abadono,  en ese sentimiento que te hace sentir solo y que no corresponde a tus deseos. Pienso  la idea de dejar el trabajo, de permitirme sentirme libre sin necesidad de un sueldo o un traje o de mi cara sonriente, estúpida y falsa cuando digo “ Bienvenido a Sánchez y Mendieta, en que le puedo servir?” Todo es tan horrible, siento que mi dignidad se aplasta cotidianamente hasta que por la noche ya no queda nada. No sé,  no quiero seguir de esa manera el siguiente año, no pretendo determinarme, no sé de donde venga el cambio, pero algo se debe intentar…

El teléfono suena y porque no dejarlo pasar; sabe Dios quién será, sabe alguien quién es? Ni siquiera sé quién soy yo, que a mis 32 años  sigo varado en la nada, desencantado de  la mayoría  de las cosas y olvidando lo bueno que tengo. En fin, supuse que hoy tendría un día bueno, que darme la oportunidad de quedarme en casa tendría algo de sentido, pero  la realidad es que no, me siento más deprimido que lo de costumbre; quizá la rutina logre en el hombre olvidar la parte reflexiva de su existencia y lo ahogue en un mar de preocupaciones adquiridas que no hacen más  que evadirlo del todo. Quizá deba vestirme, hacer una llamada a mi jefe y avisar que llegare tarde, de alguna manera no estaría sentado, analizando cada parte de mi vida y dejaría de lamentarme por tanta podredumbre, tal vez debería  ser como todos y dejar  que todo se hunda para llegar a la sesena años hastiado de lo mismo pero con la pensión asegurada y una casa hipotecada. A lo mejor no basta querer ser diferente, ni añorar un cambio, a lo mejor no basta nada y debo someterme como siempre.

El tiempo ha pasado y sigo sentado, sigo con una taza en la mano, sigo en pijama, sigo pensando, sigo queriendo estrellar mi cabeza en el piso, sigo deseando un arma y volarme el cráneo, pero no quiero; ahora tengo tanto miedo, tanta inseguridad  de mí mismo que no me atrevo a salir  al supermercado ni a dialogar con cualquiera, tengo la mirada seca y el rostro descascarado,  tengo mis manos hundidas en mis piernas, tengo todo para ser feliz y no lo quiero…

Autor. Víctor López Pelcastre.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Entrada 17 - 23/11/12

Fragmento 1 - Desesperanza

Es tan complicado y tan simple que no puedo entender el por qué. Lo hacemos, lo miramos y lo deseamos como si fuera la única cosa valida en el mundo. Pasamos horas navegando, recluyendo en nuestros sentidos fantasías que nos enajenan. No sé, me desahogo como tantos y no importa la edad, ni el sexo, no importa si es con uno o con todos, sólo queremos saber, palpar más allá del deseo, inaugurar el sarcasmo y devolver con los ojos su precio. No lo entiendo y aunque entendiera, qué? Todo seguiría igual, lleno, exhausto, caníbal. Un todo que desencanta en el vacio por un segundo; la nada. No hay nada, al final todo es efímero.




Fragmento 2 - Predeterminación

Usamos cada gota, cada palabra tan delicadamente; somos cazadores tenaces, cautos y serviles que, no importa como sea, poseer es más grande que podriamos pagar miles de penitencias. Nos desvivimos por ello; ya no interesa sí son las 3 de la madrugada o las 10 de la noche… Me uso, me usan, yo uso, 20 minutos, una hora, tal vez sea uno contra otro, tal vez sea virtual
, quizá sólo vea, quizá estaré esperandolo en una habitación, tal vez busque y haga una llamada, tal vez él quiera, tal vez yo no, tantos tal vez y tan poca realidad que al unisonó de todos estaremos como siempre pensativos, marcando con la vista tanta mediocridad, que no interesa ser racional, ni confrontarse, ni esperar….

Fragmento 3 – Ardid

Entonces uno reacciona por un segundo, reflexiona un poco, se descubre, se sabe un ser que no llega más allá de lo que hace, no hay opción, no hay salida y mucho menos perdón. Da tanto miedo y causa tanto dolor que no queremos saber y evadimos todo, olvidamos durante un tiempo todo aquello que nos marca, que nos refleja, que devela nuestra vida y deseamos en lo más profundo que todo sea un misterio pero, sabemos de nuevo, concreto, extraño como si nuestro intelecto se descubriera como un milagro. Así que yo, tú y ellos se juntan y se beben, se toman y se pierden, se miran y se van.


Fragmento 4 – Realidad

… Nuestra vida es tan patética y absurda que falseamos las historias; mentiras que suavizan el malestar y manejan el placer... Cambiamos todo por un encuentro furtivo, casual y deliberado; ponemos en nuestro slogan el ideal del amor, pero en el fondo sólo es un cliché de tontos, otra estrategia que pone de manifiesto nuestra carente autoestima y esa soledad que se d
ibuja en las sonrisas. No tenemos nada y aún hacemos creer que podemos dar; desafortunadamente todos lo saben y comparten el pesar, todo es un juego que en algunas ocasiones puede ser cuestión de azar. Simplemente jugamos a encontrar a alguien que después de unos gemidos se pueda desechar.

Autor. Víctor López Pelcastre

viernes, 24 de agosto de 2012

Entrada 16 - 24/8/12


Es tarde, quizá demasiado para esta ciudad, a veces olvido que vivir en la periferia de la urbe es un sinónimo de pertenecer a ninguna parte; ciudades fantasma llenas de amuletos y de viejas vírgenes que se asoman en las esquinas, la sensación de querer ser ante la crudeza de una realidad que se exhibe como una perdida entre transeúntes sin nombres. 

El alumbrado público se ha encendido, iluminando a medias las historias escondidas que nadie cuenta y todos saben. No sé, trato de pensar en las sonrisas frescas, en los momentos de alegría,  en las fiestas y en el sabor de las paletas, en verdad, quiero imaginar todo aquello que viví pero que mi mente no recuerda y no comprendo por qué. Estoy cansado de escuchar relatos y hacer de mi pasado un collage fotográfico que no me dice nada.

De repente todo se detiene, quizá todo se detuvo desde hace tiempo frente a mí, las mismas casas de hace 20 años, las misma gente, sólo que más vieja, con sus rostros llenos de un aire húmedo y de una desesperanza que estampo sus vidas. A la mente viene una vecina, la recuerdo en mi adolescencia  como una mujer de carácter, de esas que no se dejan, orgullosa de sus hijos pero, ayer al ver su pelo desteñido asomándole sus canas, sus ojos hinchados y sin brillo, vestida de una blusa tipo a los 80´s cubierta por un chaleco barato y con una botella de cerveza en la mano que cuidaba como  si fuese su único tesoro. ¿Dónde quedo todo? Parece que nadie pudo cumplir sus sueños y lo único que queda es ahogarlos de la mejor manera. Me pregunto sí mis sueños morirán como los de todos; a lo mejor ya están muriendo y he sido tan tonto que no me he dado cuenta.

Los tiempos cambian, la vida cambia y nos decimos unos a los otros que todo cambia, casi como queriéndonos convencer a nosotros mismos de eso, pero la verdad es que todos añoramos el pasado, y nos aterra ser viejos y descubrir que nuestro tiempo se ha ido, que ya no tenemos la misma energía de antes, nuestros gustos ahora son anticuados y nos encontramos cada vez más solos.  Ahora entiendo por qué mi abuela se pasa la tarde viendo telenovelas;  la verdad da mucho miedo enfrentarse a un presente que ya no nos aporta nada, o mejor dicho, un presente al cual ya no le aportamos nada.

Pero no importa, realmente a esta altura nada importa, sólo hace falta mirar a las calles, todos tan distintos, tan diferentes, cada uno con sus pensamientos y preocupaciones, divagando entre pasos la reflexión de sus acciones; es difícil creer en algo cuando sabes que todo puede perderse, la sensación de inseguridad que nos obliga a defendernos, a vivir del hoy para asegurar un mañana. La posibilidad de  ser, no va más allá de  nuestra posibilidad…

Entro a mi casa y es como si el bosquejo de una película se proyectara; la gente que quieres o que amas pasan por ahí, algunos vienen y otros se van, la versatilidad de las personas es tan extraña que nadie quiere quedarse en el mismo lugar, ninguno quiere tomar los recuerdos y hacerlos suyos, todos huyen, pero no se dan cuenta que este es un sitio seguro, donde nadie te juzga por lo que eres o no fuiste, donde tomos somos iguales  y nos deseamos lo mejor, un lugar donde sabes que todos te aman y donde puedes descansar. Cómo me gustaría saber que  todos estamos juntos, abrazándonos y jugando como antaño, engordando con golosinas y olvidando de nuestro vocabulario la palabra “adiós”.

Autor: Víctor López Pelcastre