A veces creo que las cosas no
tienen la menor importancia, trato de evadirme pensando en que la realidad no
me daña en lo más mínimo; recito en mi cabeza ideas que justifican los hechos
de todos y me pregunto si realmente vale la pena perder un poco de mi tiempo en
tonterías que me perjudican y no me dejan estar en paz. Quizá no vale la pena guardar sentimientos
negativos en mi corazón, no sé, la verdad no me gusta pensar en que puedo odiar
o tener resentimientos contra alguien,
pero si he de ser franco, no me imagino a nadie que no haya deseado un mal a
alguna persona que lo ha dañado... Nadie es salvo hasta que Jesús diga lo
contrario.
Tal vez realmente estamos tan
lastimados, tan aturdidos y con tanta indecisión; tanto dolor adentro, tantas lagrimas desperdicias por falsas esperanzas y esas
melancolías de borrachera que despiertan nuestros demonios. Por qué permitimos
tanto y dejamos que nos utilizarán? Que
acaso olvidamos nuestra dignidad? La verdad es que si, decidimos dejarnos
hasta de nosotros mismos con tal de no perder eso que amaste o que quizá
aún amas. Y me odio… Me odio de verdad por tener esa historia y me evado, me lleno de un mundo fantasioso
donde todo lo que tengo es nada y aun así, subsisto en el universo de mis
mentiras creyendo que son un mecanismo de defensa contra la decepción que una mala persona me causo.
Entonces que queda? Fe? En qué?
A veces ni siquiera puedo creer en mí; me levanto como cada mañana y me
descubro el pecho frente al espejo, me veo a los ojos con esas grandes ojeras,
tantos desvelos pensando y pensando en lo mismo. Quisiera que todo fuera
diferente, tal vez un poco diferente,
donde las alegrías se pudieran
contar con más de una mano y comer un
helado no fuera un pecado. Qué tal si un día el sol sale como todas las mañanas
y despiertas con una sensación nueva que te llena de vida; no sería interesante
vivir un mundo de “Lata Campbells” y
olvidarnos de la música de los 90´s que no hizo más que llevarnos al enfado
social sin motivo.
Y ahora qué? Se acabaron las respuestas para el filosofó, se
acabó la idea de llegar y pertenecer a un lugar? Todo se acabó todo cuando
inició, cuando decidí volar por mi cuenta
dejando un hogar, cuando confíe en los embustes de los alzacuellos
relucientes o en lo besos furtivos de esos hombres que me juraron amor. Sin embargo, a veces, pocas veces creo, no sé en qué y aunque sé de ante mano que
nada tiene sentido, que la felicidad es un invento de mercado para mantener a
al hombre ocupado y en un cambio constante… creo y con eso me quedo, con esa pequeña
posibilidad absurda en el futuro y un deseo que racionalizo para no mantener
alguna perspectiva en que todo estará bien; al final de cuentas lo deseo y
trabajo para ello y quizá, si… Todo estará bien.
Autor: Víctor López Pelcastre
¡Felicidades! amigo me gusto lo que escribistes, te mando un abrazo.
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