lunes, 29 de abril de 2024

Entrada 43 - 29/04/20244

 

Blanco

El tiempo se detuvo, como sí todo fuera un momento, caminé por mi casa y me descubrí sólo con la ausencia de todo, con la melancolía de siempre y con la sentencia del silencio en mis oídos. Me quede parado como sí esperara a alguien, gire en mi alcoba y mire una cama abatida por el cansancio y los sueños, sucia, deshecha, miserable como mi vida, tome una silla y me senté frente a mi televisor a escribir una nota de suicidio, sin embargo las palabras se fueron, me pregunte: ¿De quién me despediría¡? ¿A quién le importaría? Soy mezquino fracasado que cayó en gracia de todos que perdió el amor, un esquizofrénico mendigando perdón y un idiota de la vida que se enrosca entre sus brazos mientras grita de dolor.

Siento que no puedo, que mis pies cubiertos por las botas ahorcan mis venas, la ropa no me encaja, y el espejo mira con descaro, no sabe que el hombre que observa se va entre tinieblas en un fondo pálido que terminara por ser sólo blanco…. Y me rio, me carcajeo de mi impureza, de mi mentira, de la falsedad con que hablo y locura interna que me lleva por las plazas y los bares,  esa que me obliga a vivir de la basura y a comer comida de ángeles expulsados del cielo (mierda)

Déjame salir de aquí, de este infierno, de la realidad que tengo, déjame ir a donde sea, pero no aquí, no puedo, no quiero, prometo ser bueno, daré asilo al enfermo, pero no me castigues así, que ya no puedo. Mírame, mírame por favor y dime que ves, dime si me observas, ya no tengo nada, me deshice de mí mismo, me convertí en muerto, se secó mi cerebro, ¡escúchame! No te pido piedad sino misericordia nada más.

Silencio, como siempre silencio, un sórdido agujero mi cráneo...  nada quedo, sólo blanco y se acabó.

 

Autor Víctor López Pelcastre.

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