Blanco
El tiempo se detuvo, como sí todo fuera un momento, caminé por mi casa y me
descubrí sólo con la ausencia de todo, con la melancolía de siempre y con la
sentencia del silencio en mis oídos. Me quede parado como sí esperara a
alguien, gire en mi alcoba y mire una cama abatida por el cansancio y los
sueños, sucia, deshecha, miserable como mi vida, tome una silla y me senté
frente a mi televisor a escribir una nota de suicidio, sin embargo las palabras
se fueron, me pregunte: ¿De quién me despediría¡? ¿A quién le importaría? Soy
mezquino fracasado que cayó en gracia de todos que perdió el amor, un esquizofrénico
mendigando perdón y un idiota de la vida que se enrosca entre sus brazos
mientras grita de dolor.
Siento que no puedo, que mis pies cubiertos por las botas ahorcan mis
venas, la ropa no me encaja, y el espejo mira con descaro, no sabe que el hombre
que observa se va entre tinieblas en un fondo pálido que terminara por ser sólo
blanco…. Y me rio, me carcajeo de mi impureza, de mi mentira, de la falsedad
con que hablo y locura interna que me lleva por las plazas y los bares, esa que me
obliga a vivir de la basura y a comer comida de ángeles expulsados del cielo
(mierda)
Déjame salir de aquí, de este infierno, de la realidad que tengo, déjame ir
a donde sea, pero no aquí, no puedo, no quiero, prometo ser bueno, daré asilo
al enfermo, pero no me castigues así, que ya no puedo. Mírame, mírame por favor
y dime que ves, dime si me observas, ya no tengo nada, me deshice de mí mismo,
me convertí en muerto, se secó mi cerebro, ¡escúchame! No te pido piedad sino
misericordia nada más.
Silencio, como siempre silencio, un sórdido agujero mi cráneo... nada quedo,
sólo blanco y se acabó.
Autor Víctor López Pelcastre.