Cada noche, paso a paso la obscuridad penetra en mí dejando mis anhelos perdidos en la desesperanza, compartiendo un par de galletas con la nada y guardando las lágrimas para el final. La paz, la utopía de una sociedad que clama por justicia y libertad, la mentira de siempre dejándonos ahogados en los sinsabores de la carencia del sentido, una lucha por mi existencial supervivencia queriendo a unísono con mi alma que cada día que pase se pudra y me deje descansar.
Hartazgo, desechos de personalidad que me rodean y no dejan respirar, caricias falsas que tocan mi piel sin intención de amar. Me siento estúpido de resistir entre tantas personas la mediocridad, sin conciencia, con la inteligencia apagada y encontrando la muerte para quien se atreve a pensar.
Un pequeño, un lugar cerrado y los recuerdos, una infancia perdida entre tantas, golpes, sonidos de un cinturón de cuero que pega una espalda, llantos de la mujer que amas, olor a alcohol, una canción melancólica sonando en el radio y de nuevo.. Tu padre.
Comer, pensar, descubrir, hablar… verbos, idioteces del lenguaje que destruyen al ser con sus significados. Cicatrices en forma de marca de agua, pedazos de historia que decoran un cuerpo, espejos nihilistas que miran vidas pasar, destrucción de conciencias y aunque todo este mal siempre puede estar peor.
Y un poco y quizá nada, no veo futuro que encierre mi alma, no quiero despertar a la realidad para callar, solo necesito un poco de verdad, de mi verdad que me evade, que sumerge mi mente en la diferencia para descansar en paz. Sólo tú, sólo yo, el deseo de cobijarnos juntos e imaginar que el amor en algún momento nos pueda salvar.
… deus me occidere
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